Friday, November 17, 2006

Ho, Ho, Ho.

Este relato lo escribí para participar en un concurso de cuentos con temática navideña. Finalmente no llegué a tiempo pero aprovecho y lo publico en mi blog. Hace poco mantuve una conversación sobre la fe más concretamente sobre la ausencia de ella. No solo en aspectos religiosos, claro. Quisiera añadir a mi lista de cosas en las que he perdido la fe temporalmente [espero recuperarla] "La navidad". Sin más preambulos, el cuentecillo.

Ho, Ho, Ho.

-¡Feliz Navidad, Feliz Navidad! – David grita esta frase una y otra vez mientras agita una pequeña campanilla de bronce y golpea sus pies en el suelo para intentar sacudirse el frío que se le cuela por las suelas de sus zapatos.

La calle está repleta de gente sonriente que acude a su cita anual con los grandes almacenes para comprar todo lo que tendrán que pagar el año que viene. Una pareja lleva a un niño a rastras mientras intentan entrar por las puertas de uno de estos templos del consumismo. El niño se ha quedado embobado mirando a David en su ridículo disfraz de Papa Noel.

-Tú no eres Papa Noel. Papa Noel es mucho más gordo y no lleva un traje verde.

-Feliz Navidad. –David no pretende darle más réplica. La pareja forcejea con el niño que está empeñado en descubrir un fraude navideño. Suficientemente mal lo está pasando estas navidades para ahora tener que dar explicaciones, a un chaval que no levanta más de un metro del suelo, de porqué la compañía que le está pagando dos duros por pasar frío en la calle, ha decidido que Papa Noel vista de verde.

-HohohoFelizNavidad. –David agita su campanilla como si quisiera espantar al molesto infante, mientras él mismo da unos pasos alejándose. Subir y bajar la calle sería más cómodo si las suelas de las botas que lleva por disfraz no fueran tan planas. Ha llovido un poco y ahora cada vez que da un paso y pisa las resbaladizas baldosas de la calle comercial en la que se encuentra resbala ligeramente. Lo último que le queda a su autoestima, es el bastión de no haber caído al suelo hasta ahora.

-Feliz navidad señor, le deseo feliz navidad. – David agita la campanilla delante de la cara del ejecutivo que acaba de pasar.

-Búscate un trabajo de verdad.

-Ho, hou, … - David está empezando a cuestionarse si le pagan lo suficiente por hacer esto. No solo es la humillación de que te obliguen a practicar los “ho, ho, ho”, o que cada cierto tiempo tengas que hacer el baile del teléfono móvil, es que además tienes que aguantar este tipo de actitudes.

Y se supone que es navidad, en navidad la gente debería pensar en otras cosas que no sea ir de compras u organizar enormes cenas. Menuda broma lo del espíritu navideño. Tanta historia con las fiestas de navidad, tanto rollo cuando eres niño y cuando creces descubres que no es otra cosa que una fecha promocionada por los vendedores y los grandes almacenes. Feliz navidad, te dicen mientras llenan la pantalla de tu televisor de gente que es feliz y compra, es feliz y compra, es feliz… y compra. El mensaje está claro. Navidades, compra.

Está claro que si el pudiera se olvidaría de esta chorrada del papa Noel verde y estaría en su casa al calor de su pequeño hornillo o en esta misma calle, vestido con ropas menos llamativas y comprando para ser un poco más feliz.

-David, hay que bailar. –Fernando, otro Papa Noel verde, le toca el hombro por la espalda y le indica un escenario que han montado en mitad de la calle para llamar más la atención. De esta manera, si bailando a nivel de calle alguien podría no verle, allí era virtualmente imposible que ninguno de los viandantes evitara posar sus ojos sobre los dos esperpentos verdes que se retorcían al ritmo de la conocida tonadilla musical de la marca que pretendían promocionar.

Penosamente David sube al escenario ayudado por Fernando y se prepara para la danza. A su alrededor queda formado un corro de curiosos. En la cara de la mayoría de la gente descubre sorpresa, no se esperaban ver este tipo de espectáculo en mitad de la calle aunque les entretiene. Otros, un grupo muy surtido, directamente se mueren de risa. Por último, los menos, pasan de largo evitando mirar a los pobres infelices, que se ven obligados a trabajar en estas fechas, en mitad de la calle, con este frío y disfrazados.

Cuando termina el baile unos tímidos aplausos se escuchan entre la multitud que ya se dispersa.

-Como me gusta este trabajo. –A Fernando le encanta sobretodo la parte del baile. David no puede ocultar su cara de sorpresa cada vez que le comenta lo bien que se lo pasa.

-No entiendo que le ves de positivo, ‘hoho hoho’. -David agita su campanilla tan penosamente que más que tintinear gruñe.

-¡Les damos felicidad y alegría!, ¿has visto que caras ponen los chiquillos cuando nos miran?- David no suele mirar a los niños, ya ha tenido suficientes experiencias negativas con ellos durante la semana que lleva interpretando este colorido papel.

-¡FELIZ NAVIDAD HO, HO, HO! ¡FELIZ NAVIDAD¡ -Contento como un animalillo, Fernando se aleja de David e intenta imitar a Papa Noel. Su voz es muy aguda y lo único que consigue son unas cuantas papeletas para tener una afonía al día siguiente.

Cinco años de carrera interpretativa para acabar junto a un chaval de veinte tacos gritando felicitaciones navideñas y bailando espasmódicamente en un escenario en mitad de una de las calles más transitadas de toda la ciudad. Al menos la barba no deja que se le reconozca tan fácilmente.

Hace ya un rato que le está doliendo la cabeza y las insistentes proclamas de Fernando a voz en grito no ayudan en absoluto a calmar su dolor. Algo hay que hacer para solucionarlo.

-Fernando, amigo, para un momento. -David le pone la mano en el hombro y Fernando pega un pequeño respingo, esta tan centrado en hacer sonar su campana tan fuerte como pudiera que no se ha percatado de la presencia de David hasta que este le toca.

-¡Feliz Navidad, Feliz Navidad!, ¡HO HO HO!

-Sí, Fernando, sí, feliz Navidad, pero tranquilízate. No por agitar más fuerte ese cacharro de metal vas a hacer feliz a más gente. - Sobretodo a mi, piensa David. - Si paras un momento de agitar esa campana, te cuento como has de hacer para repartir felicidad adecuadamente.

Fernando, que es un entusiasta como un niño, asiente casi con ansiedad. Su interés por las lecciones de David es sincero, tan sincero que David se siente en la obligación de demostrar que cinco años de universidad para actores, pagados del sudor de su frente y la de sus padres, han merecido la pena. Si uno debe ser Papá Noel, lo será con todas las de la ley, pero sin agitar la maldita campanilla.

-Lo primero que has de hacer es tener un poco de porte. Si no te colocas bien la almohada que hace de barriga no darás la impresión que pretendes. –Entre los dos se afanan en acolchar la mullida almohada, David no la necesita, en ese sentido él se basta para compensar esa parte del disfraz. -Los hombros erguidos la cabeza firme… ahora, nos arreglamos la barba, que quede bien lucida, y ante todo mantenemos actitud jovial, hemos venido hasta aquí con una misión, repartir regalos y felicidad, y eso se tiene que notar en la mirada. -David que inconscientemente ha ido haciendo caso de sus propias instrucciones, no se da cuenta, pero mirándole atentamente hay un grupo de gente expectante. – Y finalmente la voz, es una voz grave que sale desde muy dentro, no has de contenerla, mira, -David Carraspea para aclararse la garganta.
–HO, HO, HO, ¡Felíz Navidad!

Fernando le mira con los ojos abiertos de par en par mientras aparta la barba de su cara con la boca abierta. Inmediatamente, como si de una señal se tratara, unos blancos copos de nieve caen desde el cielo, el centro comercial aprovecha este mismo instante para encender todas sus luces navideñas y un artista callejero se decide por “Happy Christmas” de John Lennon. Un niño tironea el abrigo de su padre y señala a David mientras sonríe ilusionado. De improviso, la navidad inunda la calle.

6 comments:

Anonymous said...

Bendita Navidad. ¿Sabes, tío? Queda un mes casi justo para que llegue la Navidad. A mí me gusta. Que por qué. Pues no sé. Paso de todo eso de comerme la cabeza con la fe o el espíritu navideño. Simplemente me gusta sentirme bien. En Navidad porque es Navidad. En enero porque arranca un nuevo año. En Febrero porque llegan los carnavales. En Marzo porque... ¡que coño! Porque me da la gana sentirme bien. Creo que esa es la clave.
Por cierto, tu relato es genial. Me gusta que dejes la historia abierta. Me gusta cómo progresa. Te iré visitando a diario para ver qué cuelgas. Ánimo.

miotravida

Anonymous said...

En estas fechas donde las ausencias se vuelven tan presentes, está bien que reflexionemos sobre el significado de la Navidad. Para mí, y es solo una opinión personal, al final son una buena excusa para pasar ratos agradables en compañía... como todas las fiestas, en tanto que fiesta, está bien. Otra cosa es dejar que el consumo, y no la diversión, se convierta en el punto de fuga de estas fiestas.

zafyro said...

En respuesta a ambos dos comentaristas [pido perdón a miotravida por no haber respondido antes, no estoy sacando nada de tiempo para escribir, aunque tengo tres o cuatro relatitos inconclusos].

Hace no demasiado, apreciaba las fiestas navideñas, así como cualquier otro evento del tipo bodas y bautizos, como una ocasión para reunir a la familia.

La desilusión empieza cuando las reuniones son más una obligación que algo que esperas con interes... en definitiva una especie de trámite.

El tema del consumismo es algo aparte, poco a poco vas viendo como el calendario se llena de fechas donde es indicado regalar algo, aunque la navidad es una pequeña exageración.

Aun así, no pierdo la esperanza de redescubrir el espíritu navideño con el que crecí. Puede estar en el lugar más inesperado, en mi relato el protagonista lo encuentra en la sonrisa de un niño.

:)

silhouette said...

todavía sigo sin leer el relato sólo porque trata de la navidad, lo siento, pero es q yo soy de los q prefieren casi ni notarla. Me encantaría irme al Monte de Kenia o algún lugar similar. A ver cuando renuevas!!

Luxxor said...

Es un ironía que hables en la introducción de la perdida de la fé, y luego escribas sobre un tipo al que le visita el espíritu de navidad ;)

Por otro lado, es curioso que mi desfase cronal con tu blog, haga que acabe leyendo esto en las fechas relevantes XD

joako said...

curiosa apreciación sí. El relato lo escribí com esa intención, un tipo que recupera la fe, aunque sea por un día. :) un tópicazo navideño ya lo sé.