Wednesday, June 14, 2006

El Imperio Nunca Acabó

Bueno, pensaba que estaba otra vez en sequia, y resulta que una historia a la que llevo dándole vueltas en mi cabeza una temporadita larga, ha tomado por fin forma. Toda la historia surge por un grafiti. Gracias a mi hermano he aprendido a mirar las paredes de vez en cuando y, eventualmente, encontrar cosas realmente interesantes.
En este caso, se trataba de una plantilla que ponía simplemente: "Feliz 1984". En un principio no lo entendí en absoluto. Eso si, cuando caí en la cuenta del significado tuve una estupenda sensación de sorpresa, me sentia medio tonto por no haber caido en la cuenta y medio asustado por el significado del mismo. No os explico lo que quiere decir el grafiti porque 1) seguramente ya lo sabeis a estas alturas, 2) de verdad merece la pena caer en ello por uno mismo.
El título que he escogido también tiene truco. Me encantaría que alguien supiera por qué es una referencia similar a "Felíz 1984".
Hasta la próxima¡
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El Imperio Nunca Acabó


Bienvenidos a las lecciones compartidas de historia política. Os escribo estas líneas como conclusión a mi descripción de ayer de la situación socio-política y la manipulación social que sucedió durante el siglo XX. Este apunte como podréis constatar no es más que un anecdotario que creo que puede ayudar a completar las lecciones.

Como recordareis, acabé hablando de la reunión del grupo Bilderberg que tuvo lugar en Florida durante el final de la década de los 80. Es como ya os dije, una fortuna poseer estos archivos que pueden ser ahora leídos y estudiados gracias a la indiscreción del taquígrafo oficial de las sesiones de la reunión.

Antes de empezar esta sesión ya os había comentado que el motivo de la reunión no era otro que el del avanzar en el control del individuo dentro de la masa. Este oscuro plan, estaba entonces respaldada por las familias más poderosas del globo, y durante el encuentro se barajaron diferentes posibilidades.

La propuesta sobre el seguimiento individual de la población mundial, parecía algo lejano y complicado, pero las familias pensaban que podrían conseguirlo dada la casi ilimitada cantidad de recursos a su disposición. Todas las empresas de desarrollo tecnológico que merecía la pena conocer en esa época, estaban bajo su poder o dentro de su esfera de influencia, y estaban al tanto de todos los desarrollos realizados en los laboratorios científicos, ya fueran públicos o privados, de todo el mundo.

Los análisis técnicos que se hicieron a priori, indicaban grandes dificultades técnicas y sobre todo logísticas. La posibilidad de controlar el flujo de población desde los diferentes satélites que las familias tenían en orbita, pasaban por colocar un emisor- receptor en cada uno de los individuos en cuestión. No solo eso, los transmisores deberían tener suficiente potencia como para recibir y emitir transmisiones a esa distancia. Esto, como poco implicaba baterías. Tener que, no solo instalar un transmisor encima de cada persona, sino además tener que reemplazar las baterías periódicamente presentaba un obstáculo muy difícil de solventar. La ingeniería social, muy avanzada en esa época con el florecimiento de la televisión, no fue considerada capaz, o eso determinaron los expertos en audiovisuales de la época, de convencer a la inmensa masa social de todos los países del mundo para seguir este tipo de procesos con suficiente éxito.

Como soluciones alternativas se presentaron muchas opciones. No en balde, previamente a la reunión, cada una de las familias había solicitado ayuda en este aspecto a una ingente cantidad de creativos, escritores, científicos, e incluso en un caso, teólogos. Entre estas soluciones, una de las más terroríficas incluía un plan a largo plazo en el cual, tomarían control de las principales entidades hospitalarias a nivel mundial, e implantarían bio-chips en los recién nacidos. La misma temperatura de la persona que lo portara sería suficiente para mantener el emisor activo. El tamaño por supuesto sería un problema, pero el plan no era inmediato, y las predicciones tecnológicas indicaban con exactitud la reducción de la tecnología necesaria. Sin embargo la flagrante ilegalidad del proceso y la facilidad de los módulos para ser detectados a través de una rutinaria inspección médica cancelaron esta solución.

Las familias discutieron largo y tendido sobre este problema e intentaron facilitarlo limitando su aplicación. No debería ser implementado en su primera fase mas que a un número reducido de paises, Europa Occidental y América del Norte serían suficientes. Aun así, el desarrollo logístico de las operaciones más su mantenimiento, hacían inabarcable el proyecto incluso para las enormes riquezas que lo promovían. Diferentes propuestas encontraron diferentes problemas.

Soluciones creativas hasta lo impensable, como la inclusión de elementos químicos en los alimentos más comunes que reaccionaran en el organismo para crear sustancias rastreables, o la posibilidad de incluir elementos emisores de señales en productos de higiene para impregnar a los individuos, demostraron no ser efectivas por perecederas o peligrosamente dañinas para la salud.

Este sencillo resumen de la reunión, y otros que han llegado hasta nosotros, siempre por medios no convencionales, nos permiten concluir que, por lo menos hasta ahora, aun podemos considerarnos independientes, protegidos del gran ojo.

Ahora si me disculpáis, debo dejaros por un momento, no abandonéis los monitores, apenas tardaré, es solo que tengo que ir al aparcamiento, me he dejado el cargador en el coche y mi móvil se está quedando sin batería.

Saturday, June 10, 2006

Cambio de look

Esta entrada solo es para explicar que por la amable sugerencia de alguno de mis lectores [que algunos tengo y me hacen sugerencias] he cambiado el aspecto visual de la página para que se pueda leer y todo sin que tengais que quemar vuestras valiosas celulas oculares. Además he añadido una sección de links y he puesto algunos que me parecen interesantes, los explico:

Marcoticos Unleashed (La fabrica de pixeles): este personaje que me comenta todas y cada una de mis historias [en algunos casos hay más texto en sus comentarios que en mis historias] tiene una estupenda colección de blogs cada cual más interesante que el anterior.

Blog de GO de Nacho: En este blog se habla de una manera más accesible de lo normal de uno de mis juegos favoritos, el go.

Elementalfilms: En esta empresa es donde se situan todos los proyectos que llevo moviendo 5 años. En la web podeis ver algunos de ellos.

Lagrimas de Conidioforo: La verdad es que por ahora es dificil de describir este, lo resumiré así: Tiene fotos muy bonitas y algo de poesia original. Hay algo musical en él.

zafyro

Friday, June 09, 2006

Un puñado de recuerdos

He tardado en volver a escribir, pero aquí vuelvo. La verdad es que ideas tengo pero me cuesta trasladarlas en algo coherente y legible...
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Un puñado de recuerdos

Ana tiene 30 años, su vida, como ella lo considera, no ha sido vida. Dejó los estudios a una edad muy temprana y se dedicó a salir de copas con los amigos. Cuando se quiso dar cuenta ya no le apetecía volver a la universidad y prefirió formarse en un trabajo. Con su carrera inexistente y su falta de voluntad, sólo logró encontrar un puesto en un supermercado. Algo temporal se dijo a sí misma.

Como todos los días Ana está trabajando en el supermercado. Lleva aquí más de diez años. Se le han hecho eternos, pero no ve que pueda hacer ninguna otra cosa. Se siente atrapada. Como siempre, en mitad de su pequeño descanso, se para a hablar con Manuel, el repartidor.

-“Mi vida está llena de recuerdos, sólo tengo recuerdos”, le dice con tristeza, “Los anoto todos en un diario, pero mejor sería borrarlos, porque no han merecido la pena, no se para qué me sirven”.

Cuando se gira, delante de ella tiene a un cliente. Va vestido con un suéter de un amarillo casi fluorescente y unos pantalones piratas de pana. Lleva el pelo muy mal cortado y no se puede decir si es hombre o mujer. No se fijó mucho en él cuando entró, pero es normal ver a gente así en el supermercado, al lado hay una Iglesia donde reparten ropa. Por norma general nunca dan problemas y como Manuel está en la tienda ahora no le preocupa.

-“A mi me vendrían bien unos recuerdos” le dice. –“He comprado sardinas porque tengo hambre, pero preferiría los recuerdos”.

-“Si quieres los míos te los vendo” le dice Ana. Manuel se ríe a carcajadas.

El cliente se toma una pausa para valorar lo que le han dicho y finalmente responde. -“Claro, cuanto quieres por lo tuyos”, Ana va a decir una cifra, pero Manuel, se quiere hacer el gracioso y la interrumpe.

-“Bueno, si queréis hacer una transacción de esta magnitud, lo mejor será realizar un contrato.” Ahora Manuel ha adoptado un aire extremadamente serio, aunque a duras penas puede contener la risa.

Ana se muestra encantada con la idea. Se lo está pasando bien durante un rato para variar. El extraño cliente sin embargo asiente con solemnidad y del bolsillo de atrás de su pantalón saca unas hojas arrugadas y ya impresas por un lado, como si las hubiera rescatado de alguna basura.

Como están limpias, Ana no pone reparos en rellenarlas y coge un bolígrafo. Manolo le dicta mientras adopta una pose solemne agarrándose las solapas de su chaquetilla y mirando ligeramente hacia arriba.

-“Hmmm. Estando presentes Doña Rosa Jiménez Jímenez, por propia voluntad y en posesión de sus facultades cognitivas… o algo así… en adelante LA VENDEDORA y don…”. Los dos miran al cliente, pero éste encoge los hombros y dice – “No me acuerdo”

-“…Y don Nomea Cuerdo en adelante EL COMPRADOR”, prosigue rápidamente Manuel ante la sonrisa de Ana. -“…Plenamente facultado y con potestades propias etcétera… Acuerdan realizar la venta de los recuerdos de LA VENDEDORA al COMPRADOR por una cantidad de dinero igual a…”

Ana no puede contener ya la risa y aunque no para de escribir, tiene dificultades para seguirle el hilo a Manuel. El cliente sin embargo, al oír la mención de la palabra “dinero”, procede rápidamente a sacar un fajo de arrugados billetes y monedas sucias, y los tira sobre del mostrador.

Las risas paran. Manuel, ante la expectación de Ana, cuenta y en total suma quinientos sesenta y tres euros.

-“Es todo lo que tengo” dice el misterioso cliente. Ana y Manuel intercambian ahora una mirada más seria. Manolo es todo reflejos y no permite que la conciencia de Ana, ni la suya propia, reaccionen.

-“… por la cantidad de QUINIENTOS SESENTA Y TRES euros. Ya solo falta firmar”
El cliente firma con una tímida equis. Rosa estampa su firma. Cambian el contrato por el dinero y el cliente sale por la puerta tambaleándose, como entró, pero con una sonrisa un tanto dubitativa en su cara.

Cuando ha salido, Ana se da cuenta de que se ha dejado su lata de sardinas y sale para dársela, pero ya no es capaz de distinguirle en la calle. A Manuel le ha faltado tiempo para recoger el dinero y empezar a dividirlo.

Esa noche Ana se va con Manuel de fiesta y se gastan una buena parte del dinero. Tal vez, éste sí sea un recuerdo que atesorar piensa Ana, y se propone no olvidar nunca esto que le ha ocurrido.

Rosa tiene 30 años. Trabaja en un supermercado. Lleva mucho tiempo allí y la verdad, sus compañeros son como de la familia. No ha tenido una vida como las que salen en las películas, pero se puede decir que dentro de lo que cabe es feliz. Como todos los días va a trabajar a su puesto de cajera y en su descanso conversa con Manuel, el repartidor. Esa misma tarde un cliente un poco raro quiere entrar en el supermercado. Mira hacia el infinito, como si buscara algo y parece bastante desaliñado y confuso.

Manuel está abriéndole la puerta, cuando Rosa se levanta de su puesto y le obliga a cerrarla.

-“Aquí no vendemos lo que tu quieres, vete a otro sitio”.

Thursday, June 01, 2006

Un diseño Oculto

Este relato es una completa desviación de un ensayo que quería hacer sobre un tema que me pareció fascinante que es la "reflexión interna total", este principio que implica que un haz de luz se reflecta completamente si incide en cierto angulo y cumpliendo unas condiciones específicas, es el que permite a la fibra óptica funcionar como debe. Lo que cuento aquí no se centra principalmente en esto pero es de donde he tomado cierta inspiración. No revelo todas mis fuentes por si alguien quisiera adivinar de donde he robado mi inspiración esta vez.

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Un diseño Oculto

Ante todo presentarme, me llamo Enrique de Diego y Montalbán. Aunque ahora puedo aparecer como una persona instruida y de gran renombre, hasta no hace mucho tempo, mi nombre solo era sinónimo de problemas. Anecdóticamente, la gente paga ahora unas cantidades de dinero bastante elevadas por el privilegio de conocerme, aunque tengan que venir a visitarme al presidio donde actualmente resido.

A pesar de la nobleza que parecen indicar mis apellidos, me crié en los barrios más marginales de la superpoblada Madrid. No hay en mi historial delictivo ningún hueco, nada que haya quedado por hacer dentro de la rama de lo consideraríais como legalmente incorrecto o inmoral. Con el tiempo, quedó patente que no carecía completamente de inteligencia, y fui abandonando los delitos menos productivos y arriesgados. Me convertí en uno de los ladrones de guante blanco más buscados de Europa. Debo decir que la moralidad nunca fue mi fuerte, robaba tanto a unos como a otros, lo único importante era la cantidad sustraída.

Fue durante esta época de mi vida cuando oí hablar de la casa del famoso artista y filántropo Antonio Rodrígues de Nogueraes. Hasta ese momento nunca había tenido verdadero interés por las obras de arte, el mercado negro para estas cosas estaba muy restringido y era bastante fácil que te siguieran el rastro. Pero en este caso, he de reconocer que me sentí poderosamente atraído, tanto por el reto, como por la cantidad económica que podría suponer poseer dicha obra.

Inicié un estudio sobre la vida del artista, que acabó por convertirse en obsesión. Descubrí que durante más de 10 años, desde la muerte del artista, la casa de Don Antonio Rodrigues de Nogueraes había sido un misterio indescifrable. Decían que la vetusta casa del difunto filántropo escondía un secreto de enorme valor, su obra póstuma. Una escultura que superaba a todas las que jamás hubiera realizado, y que por lo tanto superaría en valor a la más excéntricamente cara de sus obras.

A pesar de su apellido, Don Antonio era Español, Manchego y de Toledo, en ese mismo orden, como a él le gustaba repetir una y otra vez cuando era preguntado por sus orígenes. Fue su etapa de adolescente en esta ciudad llena de misterios la que le despertó su inquietud artística por la escultura y desde entonces usó cualquier herramienta que tuviera a manos sobre las sustancias más inverosímiles para completar las esculturas más extraordinarias.

Ya desde el principio de su carrera sus esculturas tuvieron una muy amplia aceptación y no pasó mucho tiempo hasta que su arte fue reconocido a nivel mundial. Empeñado siempre en realizar imposibles, nunca permitió que nada le detuviera en su tarea hasta que lograba su objetivo y desarrolló técnicas vanguardistas en los campos de la ingeniería y de la química que le permitieron esculpir montañas, construir edificios imposibles o tallar estructuras de luz sólida.

La expectativa que causaban sus obras, aumentaba con cada reto que el genial artista conquistaba. El seguimiento que tuvo el anunció de la que ahora se sabe fue su última obra, desbordó todas las expectativas. El artista advirtió que manipularía el más frágil de todos los elementos. Sin embargo, murió repentinamente, sin revelar cual había sido su obra, sobre que elemento estaba realizada, si acaso estaba terminada, y en caso de estarlo, donde se encontraba.

No pasó demasiado tiempo hasta que sus herederos, investigando la herencia que habían recibido, comunicaron al mundo la existencia de unos extraños dispositivos en la Mansión Nogueraes de Toledo. Cientos de investigadores y artistas interesados en desvelar este misterio acudieron como si de una plaga se tratara para intentar resolverlo, pero con escaso éxito. El mito de la obra oculta de Don Antonio, creció tanto que la región empezó a beneficiarse de los miles de turistas que viajaban hasta la ciudad para poder visitar la casa y tal vez desentrañar el misterio.

La casa era casi tan extravagante como lo fue en vida su dueño. Escaleras sinuosas subían pequeños tramos para luego hacerte andar por pasarelas de madera tallada y tintada en exóticos colores. Pasillos y corredores circulares recorrían la casa eliminando toda posibilidad de simetría. Enormes salas con suelos irregulares obligaban a los turistas a recorrer en sinuosas hileras las gigantescas habitaciones. Y finalmente, la gran atracción, un complejo dispositivo de espejos conectado por canalizaciones que comunicaban todas las habitaciones permitía examinar lo que había en cada una de las salas, si se sabía mirar en los múltiples reflejos. La descripción de la casa podría ocupar un volumen completo si quisiera detenerme en ella, tal era la complejidad del diseño de la misma, que no había vez en que la visitaras y no descubrieras algo nuevo de su construcción.

Durante bastante tiempo se jugó con la posibilidad de que la casa en si fuera la obra definitiva el artista, pero esto no tenía demasiado sentido, ya había realizado construcciones del mismo calibre, aunque tal vez no tan complejas, ciertamente si más hermosas. Las teorías sobre la obra póstuma del artista se sucedieron una tras otra mientras el número de visitantes crecía y crecía y el secreto se mantenía imperturbable dentro de la misteriosa edificación.

No hace más de unos meses que yo mismo descubrí la autentica magnitud de la póstuma obra de Don Antonio. La verdad, no quiero que penséis que es merito mío, en realidad fue fruto del azar que fuera yo quien se diera cuenta. En el sótano de la inmensa mansión se encontraba una sala que se denominaba el observatorio. Esta sala había sido diseñada para que solo una persona al mismo tiempo pudiera estar en ella. Desde un sillón que había en mitad de esa sala extrañamente ovalada, podían observarse dos cosas particularmente hermosas e increíbles:

La primera de ellas era que en el techo de la sala, casi justo encima de la silla había un túnel forrado de alguna maravillosa sustancia reflectante que conectaba con todos los espejos de la casa y permitía observar el continuo flujo de visitantes como si de hormigas se trataran, la visión estaba diseñada de tal manera que parecía que flotaran sobre tu cabeza.

La segunda de ellas era un pequeño pedestal sobre el cual, inmóvil en un contenedor, estaba uno de los diamantes mas grandes que jamás se hubieran visto flotando en una densa nube de gas. Un diamante tan grande e inaccesible, que no se había podido aun tasar mas que por aproximaciones. Aproximaciones que le daban un valor absurdamente astronómico.

Fue en la soledad de esa habitación, cuando desaté la obra definitiva del artista. Supongo que es fácil imaginar que mis intenciones nunca fueron lícitas. Es cierto que intentaba apropiarme del hermoso diamante, de hecho llevaba años preparando el golpe. En mis manos guantes aislantes para evitar posibles defensas eléctricas, en mi cara una máscara para evitar cualquier gas que conviviera con el diamante por muy venenoso que fuera y más de dos años de ensayos en mi casa en una reproducción lo más exacta posible de la sala. El hecho es que al levantar levemente el contenedor de la piedra, el gas que había en su interior inmediatamente entró en combustión. No se exactamente cual es la reacción química, o que tipo de dispositivo estaba instalado en ese contenedor, pero si se que salvé las manos y la cara por las protecciones que llevaba puestas. Atontado como estaba por la pequeña deflagración, me senté en el sillón y contemplé en todo su esplendor la obra del maestro Nogueraes.

No es de conocimiento común, pero los diamantes pueden arder, se necesitan temperaturas particularmente altas, pero arden, y al hacerlo emiten una luz muy hermosa. Sentado mirando hacia el cielo, y ligeramente alterado por la adrenalina que había desatado la pequeña explosión pude ver como un espectáculo de luz envolvía la casa y sus alrededores creando una figura perfecta que se extendía hasta donde mi alterada visión percibía y que jamás olvidaré. En muy poco tiempo, recibí a través de estos filamentos de luz violeta, toda la información que Don Pedro había guardado en la gema, las experiencias y vivencias que habían marcado s vida, sus inquietudes, sus esperanzas y sus miedos, en definitiva, su esencia. Al reflejar la luz producida por el fuego de diamante, la patina reflectante que cubría todos los conductos de la casa quedo opaca consiguiendo completar la obra maestra del Maestro y hacerla irrepetible.

Había logrado esculpir un alma.

Wednesday, May 31, 2006

La máquina de dar la mano

Tenia un poco de tiempo libre despues de comer y una idea. La verdad es que esta tampoco es mia, pero como veo que a alguno le gusta intentar adivinar mis fuentes, que adivine de donde he bebido esta vez ;)
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La maquina de dar la mano.

Hace mucho tiempo, una de las monarquías continentales de mayor relevancia (no estoy autorizado a desvelar cual fue la causante de la situación que ahora nos concierne pues lo impiden las leyes danesas) se enfrentó a un grave dilema de protocolo.

El rey, afectado de una rara enfermedad relacionada con la artrosis, era incapaz de dar el adecuado apretón de manos en las recepciones oficiales, ambas manos sufrían esta afección y le provocaba un profundo dolor realizar dicho gesto.

No pasó demasiado tiempo hasta que un inventor, Johanes Danneman, inventó el ahora famoso “Saludomático”. El aparato en cuestión era bastante sencillo, consistía en un soporte de metal que a determinada altura tenía un emulador de brazo, específicamente diseñado para imitar los apretones de mano del monarca.

El invento fue recogido con recelo, pero pronto se despejó toda nube de sospecha cuando se descubrió que la emulación era perfecta. La prueba de fuego que certificó la eficacia del aparato fue cuando, con los ojos vendados, las infantas probaron primero la mano de su padre y después el Saludomático sin ser capaces de percibir diferencia ninguna.

Pronto el aparato se puso en funcionamiento para gran sorpresa de cuerpos diplomáticos. ¿Seria esto una broma? Teniendo en cuenta la tradición de seriedad del monarca en cuestión, todos los embajadores procedieron con el protocolo como estaba acordado y pasaron por delante del rey que se limitaba a realizar la consecuente inclinación de cabeza al mismo tiempo que el embajador de turno le estrechaba la mano a la máquina.

El éxito fue rotundo. En menos de un mes, todos los embajadores querían tener su propio Saludomático personal para usar en sus propias recepciones. Para este fin emitieron diversas cartas a sus respectivos países en las cuales exponían los motivos por los cuales les era imprescindible tener el aparato. (Algunas aun se guardan en el museo de la autosalutación)

Aquí, empezaron los problemas. El protocolo empezó a resultar un poco extravagante. Decenas de personas portando pesadas máquinas desfilando unas delante de las otras mientras ofrecían sus Saludomáticos para que se saludaran entre si y realizaban sus correspondientes inclinaciones de cabeza.

Por supuesto, y como es sabido, esta situación no duró mucho y de la mano del mismo genio, J. Danneman, surgió la respuesta definitiva. El desplazador de Saludomáticos y el Saludomático Mk.II con módulo de cabeza inclinable.

Gracias a los avances de la ciencia, ahora las reuniones entre altas personalidades pasan directamente a la cena o al evento de entrega de premios. Mientras, decenas de Saludomáticos completan los protocolos en una sala anexa, convenientemente insonorizada, para que no molesten.

Tuesday, May 30, 2006

Papel Mojado

El relato de hoy aparece por una frase que lleva en mi cabeza instalada todo el día de hoy y a la cual quiero dar salida, pero a lo grande. La frase es:

“Todo empezó con una firma en un papel arrugado y húmedo”
me parece un buen pié, así que he escrito esto desde esa idea.
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Papel Mojado

- “Todo empezó con una firma en un papel arrugado y húmedo. Para más señas, una servilleta de un restaurante cutre de Malasaña, de los pocos que quedan aun.

Mi amigo Andrés y yo éramos bastante jóvenes por aquel entonces, 22 años cada uno y recién salidos del cascarón, como quien dice. Compartíamos un piso alquilado por habitaciones y un ideal. Íbamos a derribar el sistema establecido. Juramos que hasta que los precios de las casas no fueran decentes nunca compraríamos una. Creo que Andrés estaba tan convencido como yo o más. A las pocas semanas tuvimos un accidente de tráfico, yo salí ileso, pero Andrés murió. Su última mirada fue para mí.

Empecé poniendo panfletos por las paredes, los imprimía en el trabajo y los grapaba. Un día me encontré dando una charla en una casa ocupada, y cuando me quise dar cuenta la gente me estaba aclamando.

En pocos meses, gente de Madrid que había oído de mi actividad, tomo actitudes parecidas. La repercusión era tal que la prensa no tardo en enterarse y me dio bastante publicidad. Esto expandió el movimiento por el resto de España. Pronto tuve que organizarme, fui localizando a los cabecillas de los movimientos locales y anexionándolos al mío propio, los únicos lemas eran que nadie compraba un piso, y que no había violencia.

Hice listas con la gente que nos apoyaba y me encargue de distribuir trabajo entre mis colaboradores más cercanos para que mantuvieran el contacto. Sin yo preverlo se generó una estructura piramidal y ahora estaba al tanto de las actividades de cientos de personas, miles.

Con la firma de toda esta gente logre una subvención como asociación que permitió que me dedicara a la esto, junto con un nutrido grupo de gente, permanentemente.

En breve no solo tenía montada una estructura de boicot a escala nacional si no que empecé a organizar un plan de acogida, si alguien se quedaba en la calle siempre tenía un lugar donde ir a vivir en su propia ciudad.

Con muy poco dinero adquirimos varios inmuebles en pueblos desabitados y gestionamos la contratación masiva de servicios de autobús con gran cantidad de empresas que seguían queriendo que sus empleados lleguaran a tiempo a trabajar.

Entramos en contacto con diferentes asociaciones de inquilinos, interceptábamos a los que acudían a las promotoras de pisos o a las agencias inmobiliarias y les explicábamos nuestro proyecto, les ofrecíamos soluciones.

La prensa volvió a la carga, me dieron más publicidad. La gente que acudía a las inmobiliarias empezó a hacernos caso. El número de asociados se disparó y las ventas de pisos se atascaron. La gente que vivía de alquiler se concentraba en nuestros pueblos, liberando pisos que se volvieron inútiles para sus propietarios. La tensión social se mascaba en el ambiente.

La presión de las inmobiliarias llegó demasiado tarde. Cuando las empresas de construcción quisieron darse cuenta de lo que había pasado e intentaron solucionarlo no había vuelta atrás. La gente ya no necesitaba propaganda, se afiliaban a nuestro movimiento ahora por voluntad propia.

Finalmente todo llego a su punto álgido, mi asociación contaba con más de cinco millones de personas, varias empresas de construcción empezaron a tener perdidas, el valor de los pisos se devaluaba y no podían mover un dedo en mi contra por miedo a que me presentara a las elecciones. Una de las empresas quiso ser mas lista que las demás. Pacto con nosotros y vendió barato, el resto cayeron detrás de ella como un castillo de naipes. Puedo asegurar que el día que cerré aquel trato por teléfono, oí un sordo retumbar en el exterior, era una tormenta, pero para mi fue el ruido de las fichas de dominó que había ido poniendo estos años. Habían empezado a caer, una detrás de otra.

Ahora, apenas ya nadie tiene más de un piso en propiedad, no es negocio. La vivienda ha pasado de ser un lujo a ser un derecho. Acaso lo que me ha movido todo este tiempo, ha sido siempre la impresión de que si dejaba de pelear por mi ideal defraudaría mi pacto con Andrés.”

-“Todo esto es increíble. Que un hombre solo haya podido hacer lo que ha hecho usted es una hazaña. Aun así, quiero hacerle una pregunta. ¿No se siente un poco vacío? ¿No nota como que ya no le queda nada por hacer? ¿Tienes usted algún plan de futuro?”

-“En estos años he podido ver mucho mundo y he descubierto que hay tareas más titánicas que la que he acometido, no me encuentro vacío, tengo más cosas que hacer que cuando empecé. Actualmente lo que más me concierne es la paz en el mundo. ¿Quiere usted firmar conmigo este papel?”

Sunday, May 28, 2006

Vidas ejemplares otra vez

En esta ocasión, la vida de un científico. Lo he escrito en muy poco tiempo y tenía un par de cosas más que añadir, pero me parecieron de un humor demasiado negro. A lo mejor saco la versión sin censura propia en algún momento.

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Bernt Stein.


El doctor Stein nace en 1925 en una aldea de Alemania. Su temprana inquietud por la psicología y el humor, hacen que decida desligarse del nido paterno para experimentar en otros lugares. Lugares más remotos donde no se sepan sus chistes aun.

Adquiere en su etapa universitaria una enorme fama por sus ingeniosas soluciones para la resolución de problemas clínicos, como usar espejos deformantes para las personas anoréxicas de manera, que siempre se ven más delgado de lo que piensan que están.

En 1940, da un terrible giro en su vida, y pasa a trabajar bajo la oscura ala del Tercer Reich. Realiza experimentos sobre las posibilidades incapacitadoras de los chistes realmente graciosos en campo abierto. Abandona este proyecto por problemas con los traductores del ejército, a los cuales acusa de no entender su humor, y empieza a realizar los experimentos que le hicieron infamemente famoso.

En 1942, con el mando de su propia oficina de investigación, introduce soldados alemanes voluntarios en laberintos kilométricos, dándoles a oler antes un suculento queso asumiendo que la falta de sensibilidad del olfato humano, puede verse compensada por el tamaño del queso a rastrear. Al final del laberinto coloca dos inmensos interruptores, uno dará el queso y el otro una intensa descarga eléctrica. La ausencia de suficiente queso y las divergencias de los diferentes voluntarios a la hora de escoger que tipo de queso quieren comer, le fuerzan a sustituir queso por pollo asado, pero este se enfría demasiado rápido y los soldados alegan no poder seguir el rastro alimenticio. Ante las dificultades existentes el doctor asume los riesgos necesarios y se somete a si mismo al experimento. Recorre los diez kilómetros que le separan de su presa olfativa sin apenas equivocarse en un par de ocasiones en un tiempo envidiable, pero al llegar al objeto de su deseo, se equivoca dos veces de interruptor y recibe unas descargas eléctricas tan salvajes que queda herido de muerte.

La última broma del doctor Stein antes de morir electrocutado, es anunciar que su futuro hijo recibirá el nombre de Frank. Su hijo, aun no le ha encontrado la gracia.

Monday, May 22, 2006

Obsesión

Como tardo en subir el relato que estoy escribiendo, he preparado una muy breve historia, en tono de comedia para no dejar el blog desatendido. Esta si que no tiene nada que ver con la realidad. Como siempre reconocer que la mayoría de los chistes no son de creación propia, la mayoría son originales [al menos yo solo los he escuchado por su boca y en el momento en el que se le ocurrian] de Silhouette.
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Obsesión

Mi novia, bueno mi mujer, es muy obsesiva para según que cosas, pero hay algo que domina su vida, “El señor de los anillos”, la famosa obra de J.R.R. Tolkien. No me quejo, cuando me casé con ella ya sabía esto, pero hay veces que estas manías suyas me sacan de quicio.

El primer indicio lo tuve cuando el día en el que me presentó a sus amigas, dijo “Lo nuestro ha sido como con Legolas”, este comentario provoco miradas tiernas, sonrisas e incluso alguna carcajada. Anduve despistado durante un rato pensando en que me parecía yo a Orlando Bloom hasta que escuche algo que me hizo pedir explicaciones y es que, cuchicheando, dijeron que en la cama yo era como Gimli. Una vez me quedó claro quien era Gimli [El enano feo de la barba] intenté que me explicaran que tenia que ver lo uno con lo otro y que por qué no me sacaban ya a Viggo Mortensen llegados ya a las comparativas. Acabé enterándome que, aunque me consideraban un "hacha" en la cama, definitivamente mi caso no era como para apodarme “trancos” y que lo nuestro, lo que había sido es un “flechazo”. Para que más.

El principal resultado de su manía, aparte de la decoración de la casa y el extensivo merchandising, es que al entrar en casa debo tener mucho cuidado con donde piso. Las amigas de mi mujer (y ella) han desarrollado una equiparación del calendario de la tierra media al nuestro, y a mi mujer le gusta representar lo que ocurre en las novelas a lo largo de mi casa. Es como tener un belén durante todo el año en diferentes puntos de la casa. Así en enero se reúne la compañía del anillo en nuestro salón, en primavera están ya disuelta, y suelo encontrarme la figura de un hombre agonizante lleno de flechas justo en mitad del pasillo, en otoño uno de los balcones del pasillo está plagado de orcos y en octubre o así, Frodo está ya cerca del horno de la cocina mientras el resto de sus compañeros se reúnen en nuestro cuarto de baño a realizar la defensa definitiva del retrete.

Han existido momentos en los cuales he sentido un poco de miedo. No es porque toda la bancada de invitados de la novia vinieran disfrazados de elfos, ni porque la ceremonia tuviera dos partes, la oficial en la que el juez nos declaraba marido y mujer y la no oficial donde todo se decía en élfico y la gente respondía como si supiera hablarlo. Lo que me asustó fue la mirada de mi mujer cuando me puso el anillo. Y es que podría jurar que cuando me lo ponía, susurraba (lo oí claramente) “… un anillo para gobernarlos a todos…”

Intenté sacarla de sus círculos habituales de amistad pero con escaso resultado. Mis amigos y ella tienen algo en común que pensé que podría unirles, una estupenda afición a la cerveza, pero desafortunadamente, no hablan el mismo idioma. En la misma conversación en un bar pasadas las cuatro de la mañana cuando uno de mis amigos me comentaba que parecía que este bar desafiaba la actual legislación (mi amigo habla así), mi mujer pasaba a mi lado mientras bebía más cerveza mascullando algo sobre estar escondidos del Ojo de Mordor.

Los años han pasado y la verdad es que hasta me he acostumbrado un poco a sus rarezas. En algunos casos ya hasta las comparto. Por ejemplo, el visionado y teatralización semanal de la trilogía completa, en versión extendida, de los viernes por la tarde. Aun no me dejan ser ningún personaje principal porque mi pronunciación del Dunedaico no es del todo correcta, pero estoy practicando.


En definitiva. No me quejaré, podría haber sido peor, podría haber sido Indiana Jones y tener que comer, en vez de pan de lembas, sesos de mono.

Wednesday, May 17, 2006

lapso

Estoy escribiendo una historia más larga y, todo sea dicho , un poco más oscura que las últimas. Voy a esperar a terminarla para repasarla lo mejor que pueda y subir un trabajo más completo. A ver que os parece. Por ahora dejo colgado un pensamiento en forma de paraguas por si llueve.

"La diferencia entre una lluviosa tarde en la que no se puede hacer nada y una agradable y refrescante tarde de primavera es una sonrisa." [comprobado]

Friday, May 12, 2006

Otro relato de una tacada, "Mentiras Arriesgadas"

Este relato de nuevo se basa en una experiencia personal un poco exagerada, aunque esta vez no tanto. si me animo habrá segunda parte. Los textos en argentino están corregidos por mi amigo Carlos, que se ha sentido muy implicado en el relato desde el principio. Es argentino, así que no seais pelotudos y leedlo tal cual.

:]

Zafyro

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Mentiras arriesgadas.

Lunes

Odio los Lunes. Aunque hoy es un día soleado y me he levantado con ganas, estoy contando cada minuto que pasa a ver cuando termina el día. Que lejos me queda el fin de semana. En la oficina están los de siempre Mercedes en recepción y todos los demás cada uno en su despacho. Enrique como siempre ha llegado antes que yo.

-Che, como andás.
-Bien Enrique, bien. ¿Como vamos con el nuevo proyecto?
-Recién empecé a digitalizar algunos de los personajes. Quedé con Gerardo, ya sabés, el nuevo freelance que Alberto me puso como apoyo. Llega de un momento a otro y nos vamos a poner como máquinas los dos a laburar.
-Eso es bueno. Si terminamos en esta semana podemos mandar el trabajo al inflado la que viene y empezar la distribución.
-Seguro.

Dejo a Enrique de muy buen humor, como siempre que empieza un nuevo proyecto. Alberto ha querido ponerle un chico que le ayude haciendo modelados y prácticamente todo lo que tenga que ver con 3D, no por que Enrique no sepa, si no para que se lo pueda tomar con más calma.

Martes

Al llegar a la oficina he tenido problemas para aparcar el coche, un listillo me ha quitado la plaza de aparcamiento y he tenido que pasar un rato dando vueltas por el centro de Madrid. No estoy de muy buen humor.

Saludo a Mercedes y paso a visitar a Enrique. Le noto un poco desarreglado.

-Holaaa Enrique. ¿Todo bien?
-Bah, si… genial….Gerardo ayer no se apareció hasta las 5 y tuve que quedarme hasta tarde.
-¿No fuiste a casa?
-No. A Gerardo le surgió un tema y apenas llegó tuvo que irse. No habíamos avanzado mucho y no quiero andar detrás del guión de producción. Ya sabés como soy.
-¿Pero este Gerardo es un impresentable no?
-No, no. Pobre pibe. Tenía preparados los modelados que hizo en su casa pero se le jodió la computadora y me dijo que se pasó la tarde intentando arreglarla. Ya sabés como son esas cosas.
-¿Pero .. Te trajo los modelados?
-No, pobre!, se le borraron todos los datos, hoy antes de venir quedo en subírmelos a un FTP. Después a media mañana va a venir para acá así avanzamos en la gestualización del personaje.
-Bueno. Que tengas buena mañana.
-Chau.

Me sorprende lo de Gerardo. Tampoco tenemos ninguna referencia directa de él, pero supongo que si a Enrique no le importa va todo bien.

Miércoles

Hoy antes de ir al curro he tenido que hacer unas gestiones bancarias personales, así que voy a llegar el primero a la oficina. Será de las primeras veces que adelanto a Enrique. Como ayer le vi muy atareado, a ver si para cuando llegue le tengo preparada una sorpresa en forma de desayuno. Al llegar a la oficina veo que alguien ha llegado antes que yo. No puede ser. ¿Qué hace Enrique aquí tan pronto?

-Holaaaa
-Ah, sos vos. No sabes… ando con problemas con Gerardo. Una de dos…o es una de las personas mas desgraciadas que conozco o es el tipo más boludo del planeta.
-¿Que ha pasado, ayer tampoco vino?
-Se le quemó el departamento.
-¿Cómo?
-Lo que ois.., se le quemó el departamento y está rescatando sus cosas. Me juro que hoy viene y hace los modelajes… de las cejas al menos.
-Bueno, más le vale. ¿No te quieres tomar un descanso?
-Noooo. Mirá, Alberto me dice que me va a dar la plata cuando termine el trabajo y ya van dos veces que la casera me pide la guita del alquiler. Esto lo tengo que acabar ya… Yo le adelanto laburo a Gerardo y el se queda a la noche para compensar.
-¿Le digo algo a Alberto?
-Noooo. Ni en pedo! No quiero que piense que voy atrasado.

Me voy del despacho de Enrique. La verdad es que se nota que lleva dos días seguidos encerrado ahí dentro. Huele un poco a rancio y he podido ver restos de los bocatas que se ha ido comiendo estos días. Espero que Gerardo esté bien. Lo del incendio es increíble.

Jueves

Ayer dejé que me convencieran para irme de fiesta y hoy estoy de resaca. Llego a la oficina un poco tarde esperando que no se me note la cara de no haber dormido nada.

-¿Fiesta anoche eh señor Martínez?
-No, no, indigestión, indigestión, no sea mal pensada Mercedes.

Esquivo el primer control y veo que no hay nadie en el despacho de Enrique. Mejor por que el tipo es especialista en reírse a mi costa cuando hago una de estas.

Por la tarde, mi cabeza ya ha logrado encontrar un poco su sitio entre los hombros. Oigo unos gritos que provienen del despacho de Enrique. Voy para allá y me encuentro a Alberto lanzándole una bronca de mil demonios a mi amigo argentino. Le habla de no se que de la responsabilidad, el trabajo duro y llega a mencionarle hasta algo de la limpieza de su oficina. Cuando termina me acerco discretamente a Enrique.

-¿Que pasó, llegaste tarde?
- Ayer a la noche el idiota de Gerardo tampoco vino y me dijo que se pasaba esta mañana para cubrirme pero tampoco vino.
- ¿No vino?, ¿Cómo que no vino?
-Se le enfermó el perro. Estuvo toda la noche en el veterinario de urgencias. La reputamadre del perro choto de los huevos.
-Calma, tranquilízate. Seguro que encontramos una solución a esto.
-No se, …, voy muy por detrás del guión. Otra noche sin dormir. Bueno, voy a ser práctico y a ponerme a trabajar, cuanto antes empiece, antes acabo. ¿Por cierto, no conoceras a alguien que alquile habitaciones verdad?

Le dejo un par de teléfonos y voy a hablar con Alberto sobre Gerardo. Está claro que no se le puede volcar las culpas de uno al otro y que es más trabajo de Alberto asegurarse de la asistencia de Gerardo que de Enrique. A ver que pasa.

Viernes

Como todos los viernes llego al trabajo eufórico, como pensando en las horas que me quedan hasta la libertad. Todo el mundo comparte mi estado de alegría. Enrique no. Cuando entro en su despacho escucho gritos, ya no me sorprendo. Está hablándole al teléfono… bueno, “hablando”, sujeta el teléfono con el brazo casi extendido y le grita como si quisiera matarle, luego se lo acerca y escucha mientras da vueltas a la habitación y se muerde las uñas de la mano izquierda.

-¡¿Pero, … por qué no viniste hoy?! Que pasó.
-…
-¿Como, … , que tu madre que?
-…
-Decime donde estuviste, no mejor, decime donde estás.
-…
-¿En que habitación la tienen?
-…
-Mirá, voy para allá volando. Y más te vale que tu mamita esté ingresada en el hospital, por que si no, van a tener que ingresarla hoy.

Enrique cuelga el teléfono y se dirige a la salida. Intento decirle algo pero me lanza una mirada loca y no me atrevo a decirle nada. Me aparto. Lleva la cara desencajada.

Lunes de nuevo

Odio los lunes. Cuando llego al curro, hay poca actividad, como todos los principios de semana. Mercedes me saluda con un gruñido y yo la despacho levantando la mirada y arqueando un poco la ceja. Cuando llego al despacho de Enrique no está. Parece raro.

Me reúno con Alberto. Después de todo tendré que enterarme como va el proyecto. Llamo a la puerta y entro.

-¿Alberto?, ¿que tal?
-Bien, bien. Pasa por favor.
-Que pasó con lo de Enrique.
-Bueno, me dijo que se tomaba unas vacaciones en la “concha” de algo. No se si sabe que esa playa está en San Sebastián.
-Va a ser ignorancia si.
-La cosa es que me dijo que Gerardo estaba al tanto de todo y que él podía ocupar su puesto mientras no estuviera. Llevo llamando al tal Gerardo toda la mañana y no me ha respondido hasta hace apenas unos minutos.
-No me lo digas, no puede venir.
-Pues si, no puede, y no te vas a creer la excusa que me ha puesto.
-La verdad, sería incapaz de adivinar.
-Por lo que parece, ayer un loco atacó a su madre a las puertas de su casa cuando salía a pasear al perro, prendió fuego al edificio asegurándose de que el perro se quedaba dentro y después se dio a la fuga. Creo que me está tomando el pelo.

Durante un instante me quedo mudo. Llevo un rato sin parpadear y finalmente encajo las piezas. Tardo más de lo normal por que me acabo de levantar.

-Pues a mi me parece sincero.

Fin

Wednesday, May 10, 2006

Vidas Ejemplares

De nuevo la idea original que inspira esta entrada, no es mía. :) No se donde leí, que la originalidad es copiar sin que nadie se de cuenta. En realidad lo único que copio aquí es el tema "Vidas ejemplares". Originalmente es una idea de un amigo mio con el cual estuve colaborando hace ya mucho tiempo en la publicación de una revista electrónica [una página web vamos] que desapareció ya hace bastante tiempo. Seguro que nadie se acuerda de ella, se llamaba "La Mandibula". Él realizó 12 piezas de artistas improbables, yo lo voy a intentar con la vida de un santo factible. Así que, retomo este formato:
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SAN EDWARD NORTON-HUGES III
Edward Norton-Huges III nació en una noble familia en un diminuto pueblo costero del sur de las islas británicas en 1435. Recién cumplidos los 18 años, reinó sobre el pequeño dominio de Wincesterturp durante menos de 40 segundos, victima de un agudo dolor en su espalda causado por una filosa daga. Sin embargo siempre será recordado por todas las cosas que hubiera podido hacer si hubiera logrado reinar por un periodo más prolongado.

Su figura se hizo tan famosa que en muy poco tiempo fue beatificado y no demasiado tiempo después fue hecho santo. Los motivos por los cuales es ahora idolatrado incluyen suposiciones tales como: “De haber sido Adán en el Génesis, le habría explicado a Eva las virtudes del resto de las frutas y seguiríamos viviendo en el paraíso”. Es por eso que fue nombrado Santo de los Posibles y de los Ysis.

San Ysi, como es conocido en algunas regiones de la Borgoña, tiene atribuido muchos milagros, como por ejemplo, aquella vez que en 1956 un campesino Francés, fue golpeado en la cabeza por una estatuilla del santo que le lanzó su mujer mientras araba sus campos, y más tarde descubrió que estaba a punto de pisar una mina alemana. Todo el mundo se pregunta que hubiera pasado si la mujer no hubiera descubierto que su marido la engañaba. Desde este momento se considera a San Ysi también santo protector de las relaciones conyugales.

San Ysi es muchas veces confundido con Santo Tomas de Casí, santo de las labores incompletas. La confusión llegó a tal punto que se desató una amarga disputa entre los pueblos de Chaquemeçon du Nord, Fieles devotos de San Ysi, y Blauquenet du Pierodant, fanáticos seguidores de Santo Tomás de Casí. Desde el Vaticano, se promulgó un edicto diferenciador para poder atribuir los milagros que correspondían a cada santo, sin dar lugar a discusiones y evitar que se llegara a las manos por culpa de un tema sacro. Los cinco tomos de más de cuatrocientas paginas que explican exactamente la manera de diferenciar estos hechos sobrenaturales, apenas sirvieron de otra cosa más que de munición arrojadiza para los miembros de ambos pueblos, que de todas maneras no congeniaban mucho entre si.

Actualmente se está preparando un guión sobre la vida del santo.

Friday, May 05, 2006

Falta de inspiración.

Por primera vez me encuentro queriendo actualizar el blog con algún relato, pero no se me ocurre nada sobre lo que escribir. Voy a denunciar a ciertas partes de mi cerebro que parece que no están rindiendo como debieran muy a pesar del contrato que firmé con ellas al iniciar este proyecto. Pienso llegar hasta las últimas consecuencias y llegado el caso, si esta denuncia por incumplimiento de contrato no prospera, pienso ir a por el fabricante por venderme un producto defectuoso.

Zafyro.

P.D: Segundos después de terminar este párrafo me he dado cuenta de la tontería que he escrito. Lo subo de todas maneras solo para que veáis lo poco que me fijo en las cosas, y un poco a modo de penitencia. Y es que justo cuando lo he escrito, se me ha ocurrido leer el manual de uso del aparato en cuestión, y acabo de ver las claras advertencias contra el mal uso del mismo [alcohol, televisión, ordenador…] Voy a tener que buscar otros argumentos para la demanda.

Wednesday, April 26, 2006

Puesta a punto III

Esta es la tercera parte de un relato, las dos anteriores están justo debajo de esta. Leerlas en orden sería lo más correcto. ;)

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Las extensísimas pasarelas se extienden indefinidamente, la imagen es tan grandiosa que me olvido del mechero que sostengo y acabo quemándome la mano. Miro como cae hasta que lo pierdo de vista y por mucho que me empeño no escucho su impacto contra ninguna superficie.

Me doy la vuelta. Para mi sorpresa ya no hay pared, aunque la puerta sigue en su sitio. Abro la puerta sin usar la llave y veo más pasarelas y más bibliotecas. Estoy empezando a marearme un poco.

Avanzo por la pasarela sin atreverme a subir ni a bajar, no pretendo perderme en este enorme laberinto. Las bibliotecas están llenas de volúmenes enormes, no hay dos iguales, las encuadernaciones son completamente artesanales en la mayoría de los casos, aunque me encuentro con algunos pequeños tomos anillados. No entiendo nada de lo que está escrito en ellos, aunque parece que alguno de ellos usa un idioma más “europeo”, la mayoría de ellos están plagados de iconos y símbolos. Al rato de seguir andando veo un nivel por debajo de mi un destartalado cubículo que parece estar hecho de madera, que rompe la simetría del lugar. Un tubo de metal sale de lo que se podría considerar “el techo” y por el tubo sale un fino humo blanco que asciende lentamente y se pierde en el infinito.

Desciendo unas escaleras y me acerco a lo que debe ser la puerta. Se abre hacia dentro. Con la mayor cautela posible, la abro y miro el interior. En el suelo, un modesto colchón, con unas sabanas desordenadas encima de él domina la mayoría del espacio. Por encima del colchón varias estanterías están plagadas de desordenados montones de páginas apilados unos encima de otros. Entro en la cabaña y tardo un rato en darme cuenta que detrás de la puerta en un pequeño escritorio está sentada la persona que he estado siguiendo todo este rato.

La verdad es que no me asusto ni me altero. Hace caso omiso de mi presencia, está muy concentrado escribiendo algo. Sin tan siquiera mirarme me hace un gesto y me invita a sentarme en su colchón. Pasa el tiempo, y cuando estoy pensando en levantarme para irme en silencio por donde he venido el hombre para de escribir y me habla.

“Necesito que me prestes tu libro”, me dice sonriente. Su cara es indescriptible, es una mezcla de caracteres tan comunes, que podrías confundirlo con casi cualquier persona. Mientras lo miro, me parece que le conozco de toda la vida, pero no se decir quien puede ser. Miro en mis manos y en ellas encuentro un volumen con tapas de cuero en el que mi nombre está grabado un sobre relieve plateado. Se lo entrego. Es lo único que puedo hacer. Estoy tan desorientado.

“A veces, mi inspiración no me lleva por el camino más fácil. No te preocupes, esta vez te voy a dejar como nuevo. Eres un personaje interesante, tal vez demasiado curioso, pero eres uno de mis favoritos y no quiero verte deprimido. La vida aun tiene muchas cosas que darte, ya lo verás. Esta vez voy a tener que reescribir casi un capítulo entero, pero me vas a servir para dos propósitos”



Hoy he despertado y a mi lado estaba Laura. Me siento como nunca. Ayer, paseando por la Plaza de España, creo que conocí a la mujer de mi vida.

Monday, April 24, 2006

puesta a Punto II

Esta es la segunda parte de un relato. Para leerlo correctamente debes buscar un poco más abajo [el post anterior es la primera parte]
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No es difícil seguirle. Avanza despacio y no mira nunca hacia atrás. Cruza la calle Princesa y sube por unas escaleras que le llevan hacia callejuelas más estrechas.

Le sigo por toda la calle Amaniel, y para mi sorpresa, llegado un momento se planta en mitad de la calzada, abre una alcantarilla con un trozo de metal que saca de su chaqueta y desciende. Un coche que bajaba la calle se ha parado delante de él, ha esperado pacientemente a que termine su operación y después ha seguido la marcha sin inmutarse. Pasa algo raro.

Me acerco a la alcantarilla. “Alcantarillado Madrileño” reza el sólido circulo de metal. Miro que no vengan coches e intento abrir yo mismo la tapa con escaso éxito. Como Madrid está plagado de reformas, me proveo de una barra de metal de un contenedor cercano y pruebo suerte otra vez. La gente que camina por la calle me mira raro. Normalmente hubiera parado de pura vergüenza, pero esta vez la curiosidad puede más. Cuando, después de un esfuerzo hercúleo logro abrir la tapa, me deslizo hacia la oscuridad de la alcantarilla. Poner la tapa en su sitio es otra tarea casi heroica.

Al descender al oscuro túnel, veo una luz al fondo que se aleja y desaparece. Con todo el cuidado del mundo avanzo a tientas sin separar la mano de la pared para guiarme. No quiero pararme a pensar que es lo que estoy tocando y no quiero desvelar mi presencia encendiendo una luz. Me concentro en no hacer demasiado ruido al caminar por el suelo enfangado.

La luz se ha detenido, ha parpadeado brevemente y después ha desaparecido. Me quedo muy quieto, y como no oigo nada durante un rato largo, avanzo hacia donde recuerdo haber visto la luminosidad antes. El ambiente esta muy cargado y respirar me cuesta bastante trabajo. El olor de esta cloaca me provoca nauseas, tengo que contenerme para no respirar por la boca o sería peor.
Me siento bastante desorientado y no encuentro nada más que un túnel que no se acaba nunca. La oscuridad ahora es completa, ¿Por qué me he metido aquí? Ya me da igual que este personaje descubra que le he seguido así que enciendo mi mechero, hay días en los que me alegro de ser fumador. La tenue iluminación que me da la llama de mi encendedor, me revela un estrecho túnel que termina abruptamente en una puerta de madera. Examino las paredes del conducto y veo que deben ser antiquísimas. La superficie es ahora cada vez más irregular. La piedra a través de la que este túnel esta excavado debe contener algo de mica, miles de pequeños reflejos brillantes responden a las llamaradas de mi mechero. A intervalos regulares en techo y paredes hay una serie de vigas de madera que supongo que evitan que este agujero se colapse.

Me acerco a la puerta y le doy un descanso al mechero, está tan caliente que ya no puedo sostenerlo en la mano. Cerca de la puerta el suelo es de piedra seca, me seco mientras se enfría mi única fuente de luz. Me siento un poco incomodo, pero de alguna manera, el tremendo optimismo con el que me he levantado hoy me empuja a seguir adelante.

Enciendo el mechero de nuevo y examino la puerta. Es de madera, muy vieja, tiene un pomo y una cerradura. La puerta esta entre abierta así que la abro del todo y, para mi sorpresa, lo único que hay es un pequeño habitáculo de piedra vacío. Lo examino a fondo. No puede ser que esto sea todo.

Cuando me doy por vencido cierro la puerta. Y por primera vez me fijo en que colgando del pomo, hay una llave. No entiendo como no la he podido ver antes. Lo que si que se es que si no hubiera sido tan persistente no la hubiera encontrado. No se explicar porque, pero cierro la puerta con llave, la abro de nuevo y vuelvo a mirar.

Al abrir de nuevo, la escena ha cambiado. Ahora, al otro lado hay luz, y puedo ver una estancia inmensa repleta de bibliotecas. Es tan grande que no puedo abarcarla con la mirada. Se pierde en el horizonte en todas las direcciones, incluido hacia abajo, me mareo un poco y tengo que afianzarme con las manos al marco de la puerta.

Una pasarela conecta y numerosas escaleras que recorren todo este vasto espacio permitiendo así acceder a cada estantería. Me fijo en que la luz no parece provenir de ningún sitio, es simplemente que la sala tiene luminosidad. Recojo la llave de la puerta, me la cuelgo al cuello, sacudo levemente mis ropas para quitar un poco de la mugre que se ha adherido a ellas y cierro la puerta detrás de mi.

Continuará

Friday, April 21, 2006

Mas madera [puesta a punto I]

No lo he dicho en los posts anteriores, pero el relato de "Coger un taxi" está creado a partir de una conversación con uno de mis mejores amigos lyranar [Za, Gonzo, Berzalillo, etc...]. El personaje está lejanamente relaccionado con él [solo coinciden en la altura y ni siquiera exactamente], pero quería hacer mención por que aparece tambien en otro de mis relatos [Tiempo perdido] que a su vez está relaccionado tambien con una experiencia propia [aunque muy exagerada] la verdad es que la llamada que se produce al final del relato se produce con demasiada frecuecia. Al menos las dos primeras lineas.

Al grano. A continuación os pego el principio de un relato cuya idea original pertenece a Dakini y como le prometí, este es el principio del relato sobre su experiencia. Aparte he querido darle esta orientación porque mucha gente me ha dicho que el relato de "Tiempo Perdido" Es demasiado evidente desde el principio. [mucha gente son dos personas, y ya es bastante :P]

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Puesta a punto.


Esta mañana me he despertado sobresaltado y muy desorientado. Mi memoria me falla, porque no tengo muy claro cuando me acosté y que es lo que hice ayer. Si se que hoy debe ser sábado y parece temprano, o al menos eso indica mi reloj.

Me senté en la cama intentando ordenar mis pensamientos, intentando recordar. Tengo vagos recuerdos pero no logro centrar en mi cabeza lo que hice. Siendo viernes, he debido ir a la oficina, pero no me acuerdo de lo que allí hice. Esto no es tan raro. Soy programador y mis días se parecen mucho los unos a los otros así que muchas veces confundo las fechas.

Compruebo que todo esté en su sitio. No tengo heridas, de hecho me siento bastante descansado, y mi casa parece la de siempre, todo normal. Mi ropa de ayer por el suelo, todos mis trastos desperdigados por mi habitación y mi ordenador encendido, debería barrer y recoger en general. Como siempre. Como las persianas están cerradas, la luz azulada del salvapantallas que tengo puesto es la única iluminación que hay. Soluciono eso y abro una ventana. Hace un buen día.

Al rato de pensar en mi falta de memoria, dejo de darle importancia y me voy a la cocina a prepararme un café. Parece que ayer si me acordé de comprar leche. Mi café y yo nos vamos al salón y me siento delante del balcón que da a la calle. Los calidos rayos de sol que entran por mi ventana me dan los buenos días. No se que hice ayer, pero fuera lo que fuera, me ha sentado de miedo. Es el primer sábado que me levanto por la mañana y me siento con ganas de hacer algo. Generalmente las mañanas de los fines de semana me las paso durmiendo.

Como hace un día perfecto y me encuentro bastante contento, me doy una ducha rápida, me visto y salgo a pasear. La verdad es que andar por la calle y fijarse en el mundo que te rodea está muy bien. ¿Hace cuanto que no hacía esto? La verdad es que la diferencia entre ser feliz y estar triste me parece ahora un simple problema de actitud.

Camino un rato hasta que llego a la Plaza de España. Cuantas veces al día debo pasar por aquí y nunca me he parado a sentarme un rato a descansar ahí. Es tan fácil corregir eso. La hierba está ligeramente húmeda por que la acaban de regar. Ayer no hubiera querido sentarme pero hoy la sensación de frescor me relaja. Todo está muy verde y la gente parece que va a otro ritmo, mas pausado. Mejor. Involuntariamente sonrio.

Cuando quiero darme cuenta, ha pasado casi una hora. Estoy tan contento aquí solo, sentado entre unas cuantas personas, entre el murmullo de sus conversaciones apreciando lo que me rodea que el tiempo ha pasado como una exhalación. Quiero más.

Me levanto y sacudo mis pantalones y cuando me dispongo a marcharme veo algo que me llama la atención. Sentada en uno de los bancos de la plaza, una chica llora sola mientras garabatea algo en un cuadernillo. La curiosidad me impulsa a acercarme, pero antes de llegar, un hombre de mediana edad se acerca a la chica y le pide un folio de papel. Estoy lo bastante cerca como para oír lo que dice y las palabras desatan en mi un recuerdo que tenía olvidado. El hombre dice exactamente: “¿Me regalas una hoja en blanco?”. La chica asiente y le da la hoja. Después el hombre se sienta a su lado durante un momento mirando con intensidad la hoja, se levanta sin haber escrito nada en ella y le dice a la chica: “A veces me siento inspirado”. Y se va.

Mi recuerdo se desata por que a mi me paso algo muy parecido hace no demasiado. Me acuerdo de las palabras por que lo normal para mi es que el hombre me hubiera pedido una hoja “prestada” y no regalada. Además las despedida parece una formula porque es la misma que usó conmigo.

Ahora todo se hace más claro en mis recuerdos. Ayer. Ayer yo me dirigía al trabajo como tantas veces he hecho, y de alguna manera estaba triste… Como tantas veces lo he estado. No os lo he dicho, pero mi vida no ha sido para nada gratificante. A lo largo de todos estos años no he conseguido nada que me llene de verdad.

Estaba sentado en mi asiento de mi vagón del tren que cojo todos los días, diseñando las tablas para una base de datos que estoy preparando ahora sobre entrada y salida de productos perecederos de un almacén de alimentos con un gran volumen de negocio. Algo emocionante, podéis creerme… Entonces me ocurrió este mismo episodio que os acabo de describir, las mismas palabras y mi memoria desaparece del todo después de esto.

La misteriosa persona se estaba alejando y decidí que si quería saber algo más sobre lo que me había pasado, debía seguir a ese personaje.

Continuará

Wednesday, April 19, 2006

coger un taxi III

Esta es la última parte de un relato. Las anteriores están mas abajo¡¡¡

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Quedando claro entonces los problemas que tenemos hasta el momento en el cual decidimos detener a un taxi, o al menos los problemas que a mí me entraña dicha tarea, podemos pasar a un nuevo mundo de complicaciones. El taxista.

No quiero decir con esto que el gremio de taxistas sea de poca confianza, está claro que la culpa es siempre de unas pocas manzanas podridas que dan mala fama a toda la cesta, las ovejas negras del rebaño, las excepciones que confirman la regla… Aunque si se hiciera una encuesta preguntando por los objetos/ entidades/ personas más odiadas estoy seguro que saldrían Hacienda, SGAE y el gremio de los taxistas, por ese orden. Total, entre ovejas negras, manzanas no muy sanas y excepciones, al final son bastantes taxistas de dudoso honor.

Ya tiene que ser doloroso para los miembros de un gremio tan extenso como el de los conductores de taxi para que les comparen con la SGAE. Para los que no lo sepan, la SGAE es la Sociedad General de Autores y Editores. Detrás de este inocuo acrónimo, se esconde una de las organizaciones más poderosas desde que se disolviera el muy polémico gremio de transportistas en los Estados Unidos. Su auto impuesta misión es la de representar allá donde estuvieran a todos los, músicos, guionistas, escritores, fotógrafos, cineastas, todos están bajo el paraguas protector de la entidad. Aunque no lo sepan o no quieran.

Con gran sacrificio, la entidad se esfuerza por cobrar los derechos de autor de, como se dice ahora, todos y todas. El lema es: “si la melodía se reconoce, paga”. Ya es costumbre el habitual desembolso en bodas y bautizos para poder poner a Bisbal en los postres, y no pasa ya de anecdótico la habitual visita del agente SGAE al bar de turno advirtiendo de las consecuencias de poner música “sin licencia”, pero tengo entendido que van a situar escuchadores profesionales en las esquinas para vigilar a los músicos no profesionales. Ir silbando una alegre melodía va a dejar de resultar gratuito.

Volviendo al tema que nos incumbe, el gremio de los taxistas. La verdad es que han intentado colármela de todas las maneras posibles, aunque para desgracia suya soy un hombre prevenido y nunca me desprendo de mi bastón. Han intentado pasarme billetes falsos, han intentado convencerme del autentico valor de uno u otro billete, cosa difícil pues la casa de la moneda y yo coincidimos en tener eso muy claro, etc.… Se puede decir que a nivel de engaño directo han tenido escasa suerte, al menos conmigo, aunque lo han intentado repetidas veces.

Lo que es el engaño indirecto, ahí me han pillado muchas más veces. Existen dos casos completamente extremos que recuerdo especialmente bien.

El primero ocurrió un día después de que un taxista, a causa de unas obras, lograra darme una vuelta suficientemente grande como para cobrarme más de 10 euros en un trayecto que normalmente no cuesta más de 5. Estando tan escaldado y lleno de dudas, pasé la mañana hablando con amigos de confianza que me indicaron el estado actual de las obras de la telaraña madrileña y pude así calcular el trayecto más indicado, redactando por mi cuenta un pequeño informe de las obras madrileñas.

El susodicho taxista me acepto como pasajero y yo le indique la dirección. Aquel día como añadido yo portaba una maleta de considerable tamaño puesto que desde la oficina pensaba marchar al aeropuerto. Este es otro dato adicional, no hay nada más atractivo para un taxista que un extranjero o una maleta. Es muy divertido ver como en la parada del aeropuerto los taxistas amagan avanzar la línea en cuanto reconocen a un foráneo, como si imitaran a Cruz y Raya. Si no es por no llevarte, si hay que llevarte se te lleva a donde quieras, pero es que tu sabes por donde se va y el guiri americano que tienes detrás de ti no. El hecho es que la presencia de una maleta suele indicar un largo recorrido y pelo de color rubio o unos ojos rasgados lo certifican.

La cosa es que yo acababa de montarme en el taxi y me puse cómodo y bien centrado en el asiento para tener espacio. El viaje comenzó de la manera habitual, en silencio y entonces, y como me aburría bastante y el taxista no se animaba a emprender la charla, le lancé mi “Frase Patentada Para Iniciar Conversacionestm”. “Buff, como está la cosa ¿eh?” Pueden probarlo, con un taxista nunca falla. Las respuestas suelen ser muy variadas. En general son extensas y en muchos casos airadas. Los taxistas tienen las cosas muy claras, si formaran un partido político y ganaran las elecciones lo solucionaban todo en un par de meses seguro. Supongo que lo primero sería bajar el precio de la gasolina, y si esto no es posible, invadir algún país.

Mi taxista en particular empezó a hablarme de épocas mejores, donde todo funcionaba como debía, se cometían menos errores y se hablaba más de la política en general o del estado del partido que no de la crisis de resultados y de los miembros de la plantilla. Tardé unos minutos en descubrir que me hablaba de fútbol, en particular del Real Madrid. Tal vez lo más divertido fue la conclusión de su extensa queja; “Al menos no soy del Atlético”. Y es que siempre puede ser peor.

Sin escapar tanto de la anécdota, no tardé en descubrir que el amigo conductor estaba desviándose por las calles mas insospechadas, aproveche para hacerle algunas preguntas con bastante malicia, al estilo: ¿por aquí es mas rápido?, o ¿no será mejor ir por este otro lado? Pero sus respuestas eran tan confiadas y convincentes que le dejé hacer, por ver lo descarado que podía llegar a ser.

Al llegar a mi destino, la cuenta ascendía a 12 €, y juro que estaba dispuesto a pagarlos por el entretenido monologo que me habían regalado durante el viaje, pero la ambición es siempre la perdición del hombre, y a la hora de hacerme las cuentas dijo: “Son doce euros mas dos euros por las maletas, total de catorce euros”. “Las maletas ya no se cobran buen hombre” le dije yo, y la respuesta que me dio es la que me convenció para revolverme un poco del timo, no importa lo entretenido que hubiera sido su análisis de sociedad. “Eso no se sabe” me dijo con toda tranquilidad. “Se sabe muy bien” le respondí, “Y si estamos dudando de este tipo de cosas, lo que voy a hacer es pagarle los 5 euros que me cuesta el trayecto todos los días no los 12 que me está cobrando”. Por no alargarme, diré que la conversación a partir de este punto derivó un poco y para los más curiosos añadiré que no tuve que darle ningún toque de atención y que durante la conversación se hizo un exhaustivo recuento de los familiares de cada uno de nosotros, sobre todo nuestros padres.

Respecto a la otra anécdota, bueno, ya habrá quedado claro que para mi, el taxi es en parte un desahogo. Me resuelve más viajar en taxi que ir al teatro. Las historias son más reales. Son grandes conversadores los taxistas y siempre preferibles a los chóferes que aunque tienen, como podría decirse, muchos mas años en barrica, dan menos pie a la sorpresa del paladar.
Aprecio a los taxistas con gran detalle, y se distinguir uno bueno taxista de uno malo en menos de 30 segundos de comentarios, me he vuelto un somelier de los conductores de alquiler. El caso es que este segundo taxista resulto ser un conductor muy cauto, con una conducción segura en la primera impresión y con suavidad a lo largo del trayecto. Picante en los comentarios y agudo en la reflexión posterior. Un poco impetuoso en su entrada al dialogo pero estable en el discurso.

Como iba contando, este taxista era maestro. Volvíamos del aeropuerto a altas horas de la noche, volviendo yo de regreso de uno de mis numerosos viajes, me encanta viajar, y logró sin parecer que así lo hacía llevarme por una ruta que hacía un extenso rodeo. Es más, en su trayecto logró captar todos los semáforos en rojo y las dos veces que se desvió para usar una calle más pequeña, nos encontramos con un camión de la basura. El despliegue de sutiles artimañas fue tal que apenas me di cuenta de lo que ocurría envuelto en su intensa conversación y suave conducir. Creo que hablábamos de la edificación masiva en la costa, Marbella y los difuntos de los ediles de estos pueblos costeros, eran un tema recurrente en la conversación. El hecho es que al final del recorrido, dándome cuenta de lo que había ocurrido, no dude en pagar los 20 euros que me pedía si no que le deje abundante propina y le despedí con lagrimas en los ojos y aplaudiendo.

En resumen a diferencia de lo que pueda parecer. Viajar en taxi no es una tarea sencilla.

Monday, April 17, 2006

Coger un taxi II

SEGUNDA PARTE DE COGER UN TAXI (LA PRIMERA ESTÁ MÁS ABAJO).
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nota: me entretiene mucho escribir sobre este personaje y por ahora no me faltan anecdotas. Creo que no me voy a detener en esta historia.
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Mis problemas desde entonces no han sido pocos. El método que un invidente como yo puede usar a la hora de detener un vehiculo de transporte público unipersonal, un taxi, es a ciencia cierta complicado y no exento de peligro, tanto para la salud del que intenta detener el coche como para su cartera si se despista.

Aprovecho esta oportunidad para hacer una advertencia a todos los rateros de la ciudad. Robarle la cartera a un ciego no es tarea fácil, y mucho menos segura. Al estar negados de gran parte de nuestro sentido visual, prestamos mucha mas atención a todo lo demás, como puede ser el tacto. Es por esto que ante la percepción de una mano ajena rondando nuestros bolsillos la reacción más común, al menos la mía, es dar un “toque de atención”. Un giro rápido de mi bastón extensible dirigido al lugar donde presupongo se encontrará el antebrazo del simpático ladronzuelo, que aprovecha todo el impulso que le proporcionan mis brazos y el empuje cinético que desarrolla al desplegarse el bastón telescópico. Este “toque de atención” suele ser suficiente como para prevenir posteriores intentos de robo de esta misma persona en futuras ocasiones y hasta ahora me ha resultado muy efectivo.

De los diversos métodos para que la cartera sea entregada tal vez el de la intimidación con arma blanca sea el mas inefectivo y no depende tanto de la capacidad intimidatoria del cuchillo que porte el agresor si no de su capacidad narrativa y descriptiva, habilidades normalmente escasas entre el gremio del hurto. Del hurto menor al menos, ya que hablo de carteras físicas, de las que contienen billetes y no de las carteras que contienen políticos.

Volviendo a la odisea que nos concierne, mi viaje diario desde mi casa a las oficinas de la radio, cuando empecé a detener taxis fuera de la parada, usaba un sistema primitivo que he ido perfeccionando. Primero, caminaba hasta la calle que, por su ubicación privilegiada, favoreciera el trayecto que deseaba hacer. Normalmente esta hubiera sido la calle Alcalá en dirección a la plaza de Sol, pero incluso esta tarea dejo de ser sencilla cuando por socavar la calle para una mejora en el tendido eléctrico / tuberías de gas / alcantarillado / cañerías de agua / asfaltado / etc… bloquearon diversas partes de una de las principales arterias de esta ciudad.

Aun con estos iniciales problemas de valoración, el proceso de acercarse al bordillo de la acera y agitar la mano cuando ves un destello verde tiene sus riesgos para un invidente. Por suerte mi capacidad de percepción visual no es del todo nula y gracias a esto he podido codificar varias señales luminosas. Rojo, grande y acercándose, es un autobús, hay que apartarse de la acera. Entre otras cosas los conductores de los autobuses conducen bastante rápido y van excesivamente pegados a la acera con la clara intención, a mi entender, de decapitar algún transeúnte con sus retrovisores laterales. Verde, pero no se mueve, suele ser un semáforo, no merece la pena levantar la mano para que se acerque. Verde y cerca de la acera, generalmente suele ser un taxi, generalmente porque no será la primera vez, ni la última, que me paso cinco minutos delante de una señal de farmacia esperando que me abra la puerta.

Respecto a levantar la mano para que se detenga el vehiculo, tiene sus peligros inherentes. No fue hace demasiado tiempo cuando, volviendo de mi trabajo cerca de la calle Gran Vía, intentaba parar un taxi en unas circunstancias muy especiales. El ambiente en la calle era muy tenso circulaba en sentido ascendente cortando la mitad de la calle, una manifestación del partido comunista español y en diversos puntos de la calle se habían ubicado pequeños grupos de partidarios de justo todo lo contrario a lo que desfilaba, supongo que os imagináis la estética de los unos y de los otros. La ruina de un peluquero. El hecho es que si no iniciaron batalla campal en ese mismo momento era por la nutrida presencia de un destacamento policial en la zona.

La cosa es que había bajado con mi amigo Antonio, precisamente hablábamos de los taxis. Él no se creía que yo fuera capaz de hacer uso de uno sin ayuda. Cruzamos la calle, y me preparé para detener uno de estos vehículos. La tarea era complicada por los continuos destellos de azul de las furgonetas de los antidisturbios y por la tensión que se palpaba en el ambiente. Como perro de Paulov, al estímulo de la luz verde y animado por la presencia de mi amigo, al cual quería demostrar mi sobrada capacidad de autosuficiencia locomotriz, aunque fuera alquilada, mi brazo derecho, palma extendida, se levantó cual resorte. Todo se desarrolló a una enorme velocidad entonces. Los “arribaspañas” y los “vivafrancos” se desataron detrás de mi en un crescendo vertiginoso y solo recuerdo a mi amigo Antonio, gritarme al oído una frase que no olvidaré nunca. “¡Corre, por tu vida!”

Por suerte mi casa quedaba en la dirección hacía la que escapamos. Podría jurar que llegue antes corriendo agarrado a la chaqueta de Antonio que muchas otras veces en coche.

Continuará

Monday, April 10, 2006

Otro relato por partes

Coger un taxi.

Lo que parece una tarea sencilla, puede en determinadas ocasiones convertirse en una pesadilla. Al menos para algunas personas. Cierto es que en mi confluyen una serie de condiciones físicas y psíquicas bastante particulares por coincidir todas ellas, pero en realidad todas muy comunes. Padezco de cojera y soy un poco corto de vista, tanto como para vender cupones si quisiera. Además, sufro de un grado extremo de claustrofobia.

Empecemos por mi claustrofobia. Os preguntareis como puedo saber que estoy en un espacio cerrado, si no veo mas allá de mi nariz sin las gafas, y treinta centímetros más lejos cuando las llevo puestas. La respuesta es sencilla; me lo imagino. La verdad es que tengo una claustrofobia algo selectiva, por que depende de lo que escuche o lo que me cuenten; un día, paseando por el campo, me entro un ataque porque me comentaron que estábamos en un cercado muy pequeño, y no pude quedarme tranquilo hasta que note que cruzaba la puerta de aquel lugar.

Mi caso es tan particular que me saco un buen sobresueldo dejando que me estudien en la facultad de psicología. Llevan dos años y aun no se lo explican. Es el primer caso de claustrofobia autoinducida que conocen. Por lo demás, me gusta subir en ascensores, con su relajante música y no tengo problemas con las habitaciones pequeñas mientras no me digan que lo son. En cambio, usar el transporte público me presenta grandes dificultades. La aglomeración de personas me permite hacer un cálculo del espacio existente y me entra el agobio. En coche sin embargo viajo bastante bien, aunque la gente no ha de tocarme y hablar poco para que no calcule yo las distancias que nos separan.

Respecto a mi cojera, la padezco en ambas piernas. Un accidente infantil en el cual se vieron implicados un baúl, unas escaleras y una clara sobreestimación de mi potencial físico. Cuando ando, dicen que me parezco a John Wayne cuando quería intimidar, solo que yo nunca he llevado pistolas. Supongo que me creeréis si os digo que mi velocidad de desplazamiento con este andar tan particular es muy lenta. Como añadido a este impedimento a la hora de adquirir velocidades de desplazamiento adecuadas, hay que añadir que debo usar un bastón especial. Mido 192 centímetros y mis ojos están a la suficiente distancia del suelo como para no distinguir los diferentes obstáculos habituales en las vías publicas como pueden ser: Bordillos, bolardos, pequeños animales de compañía, tapas de alcantarillado, más bien la ausencia de las mismas, y un largo etcétera muy anecdótico de obstáculos que evitar. Lo más exótico que he tanteado con mi bastón fue el culo de una ciudadana asiática que se había agachado justo en ese momento a recoger algo del suelo. Cabe decir que ser ciego no me libró de la furia de su bolso vengador.

Aun así, hasta la fecha he tenido mucha más mala suerte con los obstáculos aéreos que con los terrestres. Con mi altura, acabo encontrando toldos, señales de tráfico, paraguas a la exacta altura de mis ojos e incluso en una ocasión, una paloma despistada. Tanto es así, que me he aprendido el horario de los establecimientos mas agresivos en estos aspectos y suelo hacer uso de un casco protector cuando me desplazo por barrios cuyas especificaciones aéreas desconozco. No hace demasiado me advirtieron que llevaba una semana agachándome ante un toldo inexistente por liquidación del local.

Mi altura es tan inusual dentro de los invidentes, que hace unos años organizamos un equipo de baloncesto. Al principio tuvimos problemas para pasarnos correctamente el balón, pero luego le pusimos un cascabel, y hemos practicado tanto que ahora son más los pases que llegan hasta nuestras manos que los que no. Nuestro actual problema es que tenemos terribles discusiones sobre si ha sido canasta o no.

Para intentar encauzar un poco este relato, y dejar de irme por las ramas, diré que encontré el trabajo ideal para una persona de mis características. Soy locutor de radio. Otra cosa no tendré, pero en mi lista de meritos puedo contar, con una voz calida y aterciopelada gracias a la cual me gano el pan. Por desgracia, yo vivo cerca de la plaza de Manuel Becerra y la emisora está en plena Gran Vía madrileña. Distancia insalvable para una persona de mis condiciones si pretendiera hacerla a pie, como creo que ha quedado claramente demostrado.

Y llego entonces al asunto que me interesa. Los taxis. Evidentemente, no puedo conducir un vehiculo por mi cuenta, que sería la solución perfecta a mi problema locomotriz, y contadas son las ocasiones en las que cuento con alguien que puede acercarme en su vehiculo hasta la oficina donde trabajo. Es por esto que desplazarme en taxi, es la manera más eficiente a la hora de llegar todos los días puntual a mi cita con el trabajo. Hasta ahora, nunca había tenido problemas dado que en la misma plaza de Manuel Becerra existía una parada para este tipo de vehículos y si bien las primeras veces que hice uso de su servicio actué con timidez, rápidamente me hice con el sistema de traslado, un calculo de lo que me costaba el servicio etcétera, etcétera.

Hace no más de dos meses, eliminaron mi parada de taxis y cortaron varias de las calles que usaba habitualmente en mi trayecto. Bendito Gallardón. Ojala encuentre pronto el tesoro.

Wednesday, April 05, 2006

El cuentecillo completo para facilitar lectura

Pegar el cuento es demasiado largo. Por ahora lo cuelgo en otro sitio y os dejo un vinculo. En breve creo que me voy a lanzar a un relato más extenso. Pero me lo voy a tomar con calma.

http://www.elementalfilms.es/LaArboleda.pdf

Tuesday, April 04, 2006

Un relato en una entrega.

TIEMPO PERDIDO.

Hoy me he levantado de la cama sintiéndome muy raro. Tengo la sensación de que ocurre algo muy extraño. Como si ya hubiera vivido esta misma situación en otras ocasiones.

El misterio es mayor porque me duele terriblemente la cabeza y no recuerdo nada del día anterior. De hecho, no recuerdo casi nada sobre mi. Tengo una extraña sensación en el estomago.

Mirarme en el espejo no ha solucionado nada, mi cara parece la de otro, otro mucho mas feo que yo y al que le hubieran golpeado con un martillo en la cara. Varias veces. Apenas puedo abrir mi ojo derecho y ahora que lo toco me duele bastante. Aparte, mi lengua está tan seca que tengo la impresión de tener una lija en la boca.

Al rascarme la cabeza descubro algo, una serie de bultos en la parte posterior, que me hace entrar casi en pánico. Me giro para comprobarlo en el espejo y no paro de dar vueltas, por que sin la ayuda de otro espejo no encuentro la manera de verme el cogote.

Una vez me calmo un poco y me hago con un espejito de afeitar, me coloco estratégicamente para descubrir que tengo una cicatriz bastante grande, y fea, en la cabeza. Estoy pelón y teñido de rojo en esa misma zona.

Me llevo las manos a la cara, puro terror y desesperación. Que habrá pasado para que haya surgido esa horrible cicatriz. ¿Por que no me acuerdo de nada? Pasan por mi mente todas las opciones, cada cual más terrible. ¿Acaso me han practicado una lobotomía?

Apenas reconozco el cuarto en el que estoy. Debe ser mi cuarto de baño. Me quito mi camisa con lentitud, pues descubro nuevos horizontes de dolor. Me quema la espalda. Me resigno a mirar y veo una obscena amalgama de líneas, que la cruzan configurando un extraño diseño de líneas negras sobre ella. Está casi en carne viva. Mis conjeturas me llevarían muy lejos seguro y del miedo dejaría de respirar y perdería la conciencia. Pero me duele tanto la cabeza que no puedo ni pensar en cual puede ser el origen del extraño anagrama que tengo pintado en la espalda. ¿Abducido por una secta?

Después de la ducha estoy algo mejor. No se ni la hora que es, y ya puestos a dudar no se en que día estoy. Cuando encuentro mi reloj encima de mi mesa descubro que son las 5 de la tarde y algo más; Colocados ordenadamente a su lado están, una cartera, unas llaves y un teléfono móvil.

He encontrado lo que debe ser la cocina y he cogido un vaso de agua. Investigo la cartera mientras bebo sorbos pequeños de agua. Sorbos pequeños por que me duele el labio. Está roto. El dolor del labio se hace amigo del dolor de cabeza y cuando me duele uno, el otro no duda en acompañarle.

La cartera parece que es mía, por que la foto del DNI que hay dentro corresponde a lo que me acuerdo que parezco y el nombre me es familiar Gonzalo Montalban Tocabelloso. Al menos parece que he recuperado parte de mi identidad.

Deposito la cartera en la mesa, me dispongo a coger el móvil y en ese momento empieza a sonar. La paranoia me impide mover la mano hacia el teléfono durante unos interminables segundos.

Finalmente, presa de una morbosa curiosidad cojo el móvil y me dispongo a responder a la llamada.

- “¿Gonzalo?”.

Ese debo ser yo. Durante unos segundos retraso la respuesta y al final, sin saber muy bien si realmente se refiere a mi, respondo.

- ¿Si?
- Veo que ya te has despertado.

Miro en todas las direcciones, me están espiando. No debo darles pistas.

- Hace mucho que estoy despierto, he tenido una mañana ocupada, ya sabes…

Se produce una pausa larga y una siniestra risa tenebrosa surge del aparato.

- Si, claro. Hahahahaha.

Pierdo los nervios y en un tono desafiante le espeto.

- Dime que ha pasado, no me acuerdo de nada. Que me habéis hecho.

Otra pausa y otra risa, si cabe mas siniestra por lo aguda y descontrolada.

- Hahahahahaha. Mira, tienes que dejar de beber, te sienta fatal. Ayer por la noche en mitad de la borrachera convenciste a un tipo cachas para que te hiciera un tatuaje, pero como no parabas de moverte, te hizo un estropicio en la espalda y dijo que no seguiría con el trabajo, aunque estoy seguro que al principio se lo estaba pasando en grande. Te enfadaste, te peleaste con él, te dio un par de puñetazos y al caerte te golpeaste la cabeza contra una mesa de cristal. Te llevamos a urgencias y allí hicieron lo que pudieron. Luego te dejamos en tu casa.
Esa es la versión reducida, porque entre otras cosas, Marta tiene un rebote que no veas. Me ha dicho que va para allá y que más vale que estés sereno por que tienes que explicarle una serie de cosas que le contaste ayer sobre Elena. Por cierto, tiene que estar al llegar por que acabo de dejarla en el portal de tu casa.

Según me habla la voz, recupero la memoria de parte de lo ocurrido. Quien sea que me haya llamado cuelga. Oigo pasos que suben por las escaleras. Suena el timbre. Ahora si que tengo miedo.