Friday, December 14, 2007

MundoGris

Este es el relato original de Mundo Gris, existen unos cuantos bocetos que no he terminado dentro de este "deprimente" mundo lleno de esperanza, el único accesible desde el blog es el que se llama "papiroflexia"

El relato va acompañado de unas preciosas ilustraciones que hizo mi hermano. Es un cuento que escribí con la intención de emular a uno de los grandes directores -guionistas de España, Marco Besas,y su Leyenda del Espantapájaros, un cuento infantil para adultos. Entre otras cosas, Marco me animó (aunque él no lo sepa) a dar un paso adelante y escribir unas cuantas líneas.

Pues eso, sin más, os dejo el relato-cuento... y perdonad por la mala calidad de alguna de las fotografías :( cuando tenga un momentito las vuelvo a tomar y las sustituyo.

Pulsa este enlace para verlo en modo presentación en Flickr

Tuesday, December 04, 2007

Una reflexión personal

Este relato aparece después de llevar a cabo una breve sesión sobre creatividad aplicada. La verdad es que en el momento me pareció bastante bueno, mas tarde desde una perspectiva un poco menos eufórica, mi opinión se moderó un poco, y ahora, teniendo en cuenta las condiciones y el tiempo empleado (5 minutos), me vuelve a parecer aceptable. Sobre todo el aire que tiene al tipo de relatos que leía cuando era pequeño (cuentos populares rusos etc...)

Se me ocurre que la frase del final no cierra el relato convenientemente por lo que si alguno de los lectores (uno de los dos) quiere marcarse un final en forma de párrafo, desde estas escasas líneas le animo a ello. ^_^

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Un camino de ida y vuelta

Érase una vez un viajero solitario cuyo mapa estaba anticuado. Caminaba por sendas esquivas sin muchas veces preguntarse si existiría algún atajo.

-Todos los caminos merecen ser andados – Respondía cuando le preguntaban porqué daba tantas vueltas.

Un día, al entrar en una región montañosa y nevada, una terrible tormenta se desató sobre él, calando su ropa, su cuerpo y sus huesos hasta empaparlo por completo.

-Nubes, ¿por qué me quitáis la luz? – Preguntaba incesante. – Lluvia, ¿por qué me empapas sin piedad?

Incesantes fueron sus preguntas y ninguna respuesta obtuvo mientras cruzaba los fríos y tormentosos parajes de la montañosa y nevada región en la que se encontraba.

En el mismo centro de aquella cordillera se encontraba la montaña más alta de todas. Tan alta era aquella cumbre que quedaba por encima incluso de las inclementes nubes que día tras día descargaban su lluvia contra él y desde ese punto cenital, en la lejanía se adivinaba la costa y el infinito mar.

No fue hasta el día en el que alcanzó aquella cima que descubrió las respuestas a sus interrogantes.

-Ocultáis mi sol y empapáis mi cuerpo porque está en vuestra naturaleza, sois así y nada de lo que yo haga podrá cambiaros. Pero pronto volveréis al mar de donde habéis venido y entonces estará en mi mano decidir si quiero vuestra humedad de nuevo.

Sunday, November 11, 2007

Hablando con el escritor

Este relato sale de una conversación mantenida con uno de mis escasos lectores comentadores (de esos extraños especimenes que dejan nota de su presencia en mi blog). La conversación trataba sobre personajes que mantienen conversaciones con figuras tipo “el creador” u otros seres de ese calibre (tengo algún relato que va de ese palo y de vez en cuando me descubro escribiendo algo más sobre el mismo tema, es recurrente en mí)

Se me acusaba en esa conversación, bastante justamente supongo, de no darle “cercanía” a mis “creadores” y de no llegarle a la suela del zapato a los personajes de Cerebus, normal. De esa conversación surgieron dos semillas, una es este relato, que si bien es una flor discreta, al menos está ahí, intentando dar un poco de color al paisaje.La otra es el germen que en breve (en cuanto tenga pasta) me llevará a empezar a leerme la serie con la que he sido comparado (que siempre la he ojeado pero que nunca me he decidido a leer).

Pues eso, muchas gracias a Luxxor por encender un poco la chispa de mi inspiración xD

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Hablando con el escritor

ENTREVISTADOR: No puede usted imaginarse el enorme placer que resulta para mi tener el honor de poder conocerle y entrevistarle.

AUTOR: Por favor, no creo que sea para tanto.

E: No sea tan modesto, esta es probablemente la entrevista más importante que he hecho en mi vida.

A: ¿Ha hecho usted muchas entrevistas?

E: Usted dirá…

A: Claro, teniéndo eso en cuenta…

E: ¿Empezamos la entrevista?

A: Empezamos.

E: La primera pregunta la haré sencilla para ir cogiendo ritmo. ¿Cuántos años lleva en esto de la escritura?

A: Apenas dos años. Se puede decir que siempre he tenido un bolígrafo en la mano, pero escribir con un propósito claro sólo ha ocurrido durante estos dos últimos años.

E: Y ¿Por qué empezó a escribir con un propósito?

A: Básicamente por una necesidad de expresión personal y por tener muchas más barreras a la hora de expresarme pictórica o plásticamente.

E: ¿Fue entonces un asunto meramente eliminatorio?

A: No, he de reconocer que desde pequeño siempre había albergado la secreta ilusión de escribir un libro, emulando a uno de mis personajes favoritos, Roald Dahl, o de ser ingeniero en física nuclear, lo segundo me pareció un poco más difícil supongo, aunque ahora lo veo todo desde otra perspectiva…

E:¿Tal vez ha existido algún momento clave que haya servido de disparador para lanzar su fulgurante carrera?

A: Sí, no me cabe duda. Hace un tiempo leí una frase de uno de mis escritores favoritos, Terry Pratchett, una tontería bien sencilla pero que me abrió los ojos. La frase era algo así como “El mundo esta lleno de gente a la que le hubiera gustado haber escrito…” Es algo aplicable a cualquier profesión, pero en este caso me tocaba de lleno.

E: ¿Y tiene alguna anécdota divertida con alguno de sus lectores?

A: Oh sí, siempre recuerdo aquella vez que uno de mis lectores mantuvo una interesante conversación sobre el final de uno de mis cuentos proponiendo un final alternativo, el otro lector por desgracia se encontraba de viaje y no pudo participar de la discusión.

E: ¿Cómo?

A: Es broma, ha ha ha, en realidad me consta que tengo tres lectores.

E: Ha ha ha, bueno, y ya por mencionarlo y viendo que se me acaba el tiempo para la entrevista, me gustaría proponerle, si no le parecería correcto prolongar un rato mas esta conversación. Me estoy acostumbrando a esto de la existencia y no me desagrada en absoluto.

A: Va a ser que no, lo siento, las cosas tienen todas un fin y yo estoy tecleando ahora en un portátil en una postura un poco incómoda, es más pretendo ponerme a ver una película en este mismo instante.

E: Hombre tampoco le pido tanto, sólo unas líneas más.

A: Se me está durmiendo la pierna, pero si me permites tranquilizarte, te diré que no tienes porque preocuparte en absoluto, te lo puedes plantear de muchas maneras, en realidad tú no eres otra cosa que una parte de mi mismo, de manera que aunque deje de escribir sobre ti, seguirás ahí en mi mente haciendo todo tipo de preguntas sin yo poder evitarlo.

E: Visto así…

A: Es lo que te ofrezco. Aparte, si me permites una promesa adicional, te diré que me has caído bien y que el próximo personaje entrevistador que aparezca en mis relatos volverás a ser tú.

E: Está bien, entonces cierro esta entrevista sin olvidar saludar a todos aquellos que al leerme me dan vida y esperando que no tarde usted en volver a darme algún que otro papelito. Como ya le dije, ha sido un verdadero placer.

A: Lo mismo digo, un saludo y hasta pronto.

Saturday, October 27, 2007

Uno, dos, tres...

Otra vez me pongo a hablar de sueños, sólo dejar como comentario previo al relato que me encantan, aunque aveces me asusten, esos pequeños periodos entre el momento de despertarte y justo cuando estas terminando de soñar y mezclas un poco la realidad con el sueño. Yo aconsejaría a cualquiera tener una libreta cerca de la cama y apuntar si les da tiempo esos extraños sueños, aunque sólo sea por sorprenderse en un futuro de las cosas que pasan por nuestra cabeza sin que apenas nos demos cuenta.

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¡Despierta!

(foto de silhouette)



Uno, dos, tres, caigo en un profundo sueño, a mi alrededor todo es de color rosa. Tan exagerado es esto que no puedo evitar reírme, por lo que parece yo soy el único toque de color que hay en toda la escena.

Cinco enanos púrpura salen de una puerta de madera portando cada uno de ellos una pieza de fruta.

- Escoge una - Me insta uno de las diminutas personas.

Que sueño más raro, creía que nadie soñaba con enanos. Ni siquiera ellos mismos…

Abro los ojos, estoy en mi habitación y acostada a mi lado, más bien encima de la almohada, hay una pera.

- Pensé que te apetecería algo de fruta al despertarte- dice una voz a mis espaldas que reconozco como la de mi hermano.

Y me doy cuenta que no estoy despierto, mi hermano vive a mas de cien kilómetros de mi casa y se de buena tinta que hoy el está allí…

Abro los ojos, estoy en la habitación de mi casa del pueblo, en Segovia, lo que clasifica esto claramente como un sueño… ¿o no?

Oigo un ruido, alguien sube por las escaleras, abro la puerta del cuarto para ver quien es y me sorprendo porque todo está lleno de telarañas, hilos de pegajosa seda de araña plagadas de grotescos insectos de diferentes colores que agitan sus patas… Definitivamente, es un sueño…

Abro los ojos, mi gato me mira fijamente a la cama y me dice. - ¿ Has visto la hora que es? - Los gatos no hablan- le digo a modo de réplica, - Entonces debes estar soñando, ¿no?- mientras me habla se atusa los bigotes y sonríe.

Noto que me despierto, pero antes de abrir los ojos noto un fuerte viento en la cara. Abro lo ojos y me descubro cayendo a gran velocidad hacia el suelo, en mi espalda un cohete que parece roto y en i mano derecha un plátano. Espero que sea un sueño, sería vergonzoso morir con un plátano en la mano.

Abro los ojos y salto de la cama como un resorte, miro hacia todos los lados y todo parece normal. Mis gatos se han llevado un susto de muerte, enciendo un momento la luz y saludo al hombre de la gabardina y el paraguas… oh, vaya…

Abro los ojos, estoy sudando y dolorido, mi novia me ha despertado con un suave golpecito. -¿Te he despertado? – le pregunto desde el suelo. – Hacias ruidos raros, no puedes cenar queso, te sienta fatal.

-Creo que tienes razón – le digo mientras me llevo la mano a mis doloridos riñones que parece que son los que han absorbido la mayor parte del impacto. Una vez en pié me quedo helado. Yo no he cenado queso hoy…

Abro los ojos…

Saturday, October 20, 2007

tres días en blanco

La enfermedad ha llamado a mi puerta y yo como siempre estoy un poco lento de reflejos voy y le pregunto que qué es lo que quiere... total, tres días en la cama acordandome de lo bien que está uno cuando está sano, que sólo apreciamos lo bien que se está cuando no estamos enfermos precisamente cuando no podemos levantarnos de la cama.

Al menos, he tenido tiempo para escribir un poco para mi propio blog, la mayoría de las cosas las tengo aun en papel, pero sí he trasladado una de las ideas, fruto de mi prolongada estancia en los brazos de morfeo.

La idea "original" es que según los últimos estudios científicos que he podido leer, el tiempo medio necesario para un descanso completo no son las clásicas ocho horas, son los famosos "cinco minutitos más"

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Solo cinco minutitos más

Así que te despiertas por la mañana y un duendecillo malvado que habita en tu cabeza empieza a hablarte al oído. ­­­­­

- Aun es pronto, no tardas nada en llegar, da una vuelta y sigue durmiendo, estos minutos son los que más descansan.

Bueno, puede ser, la verdad, te dices a ti mismo, la verdad es que ayer me acosté tarde y lo que se dice descansar no he descansado mucho pero… pero voy a llegar tarde, me tengo que levantar ya.

- ¿Levantarte ya?, mira, estoy de acuerdo, no puedes llegar tarde pero llevas durmiendo toda la noche sobre tu lado derecho y ahora lo tienes dolorido. Date un minutito, gírate y así estarás completamente descansado.

Antes de darte cuenta te has acurrucado y estás arropadito hasta el cuello, al girarte la sensación de alivio que sientes en tu costado te termina de convencer de que para descansar del todo tienes que estar un minutito más.

Diez minutos más tarde se te vuelve a abrir un ojo y miras el reloj, un ligero velo de terror se cruza por tus ojos, vas a llegar tarde… mentalmente vas haciendo una lista de la gente que SI va a llegar a tiempo, peeero, bueno, ya no se le puede hacer nada así que te quitas las sabanas de encima, suspiras y te preparas para levantarte.

- No te preocupes, - Susurra de nuevo la voz de tu cabeza -, te has olvidado de que tu reloj va adelantado cinco minutos…

Suspiras aliviado, los cinco minutos de seguridad, puedes levantarte y llegarás a tiempo. Te estiras y bostezas y descubres que los cinco minutos adicionales no te han descansado mucho más, has vuelto a caer en una de las clásicas trampas de tu subsconciente.

- Es una lástima que te despertaras tantas veces de madrugada, hubieras dormido taaaan bien.

Es verdad, piensas, si esos borrachos no hubieran estado peleando justo debajo de tu ventana…

- Malditos borrachos, y no te olvides de los gatos que tampoco te han dejado dormir en paz.

Y tu repites ya casi obediente, los gatos no me han dejado dormir en paz y hoy no he descansado y ahora no puedo abrir los ojos.

- No es justo, hoy es sábado y podrías haber dormido un par de horitas más.

Sólo cincominutitosmasssss… Murmuras mientras tus manos ojos se cierran y, de una manera tan automática y fluida que parece que has entrenado tus manos para la tarea, en un solo movimiento desconectas la función despertador del móvil y te arropas otra vez hasta el cuello. Es invierno y el calorcito de las sabanas hace que te acurruques un poco más.

No te das cuenta, pero posado sobre tu hombro hay un pequeño ser con dos cuernecitos, uno a cada lado de la cabeza, que ríe con malicia y que no para de asegurarte que no pasa nada por seguir durmiendo.

Por otro lado, en la otra punta de la ciudad hay diez tipos vestidos todos a juego, con pantalones cortos y botas de fútbol que están empezando a escuchar a sus propios alter egos demoníacos a la espera de ponerte las manos encima.

Wednesday, October 17, 2007

Mi hermano es el jefe


Gracias al buen hacer de mi hermano, acabo de terminarme un libro que me ha dejado pasmado, un clásico que no se cómo he pasado por alto todo este tiempo, estoy hablando de “El elogio de la sombra” de Junichiro Tamizaki. Si no lo habéis leído, estáis tardando, es un ensayo muy breve y delicioso (con todas las letras D.E.L.I.C.I.O.S.O) que tiene una primera lectura de apenas una tarde relajada sentado en tu sofá favorito.

En relación a esto, he recordado que hace no demasiado (venga sí, fue hace unos años) Manuel, que es como se llama mi hermano, junto a uno de sus compinches en el mundo del arte Luís Vasallo, dieron una conferencia en su escuela de arte sobre los huecos, su significado, su importancia. La he buscado como un loco pero no la encuentro (pensaba que la tenía en mi ordenador, pero no es así) y tengo la intención de revisarla para, ahora con los ojos más abiertos, disfrutarla de nuevo. Si me hago con ella prometo hacerla pública.

Por si acaso alguien no ha tenido el gusto de ver las obras de mi hermano he preparado un mini web muy temporal y con el permiso de Silhouette, para mostrar una mínima parte de algunos de sus trabajos (por desgracia son pocos y antiguos). La intención por supuesto es aumentar esa colección para hacerla más actual y hacer una página que sea al menos decente ^_^

Y finalmente como referencia a uno de los pocos lectores que he tenido y al que tengo gran respeto y deferencia (y espero que tarde o temprano acabe por leer estas palabras), y recuperando una conversación que tuvimos no hace demasiado tiempo (ya sabéis, un año o dos) sobre algún pequeño momento de pavoneo personal en los vagones de metro usando los libros que leíamos a modo de plumas, diré que la edición de Siruela de este ensayo, aun siendo pequeña, es tan llamativa que los que la han leído se giran para comentarte lo que les gustó su lectura… sin necesidad alguna de desplegar gala ninguna.

Friday, October 05, 2007

Ayer hubo une enorme tormenta

Este pequeñísimo artículo es la silueta de una sombra que dejó ayer la tormenta en mi casa. Es paciente y ha prometido esperarme escondida en mi umbral durante una temporada, tan larga como yo lo necesite.

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Contemplo el hueco
la lluvia en mis dedos
es amarga sal

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Wednesday, July 18, 2007

Nadie se espera a la inquisición española.

La principal arma de la inquisición española es la sorpresa y el miedo... Las dos principales armas de la inqusición española son la sorpresa, el miedo y una eficacia letal... las TRES principales...

:P, mucho tiempo si poner nada original, esto es el retorno de la desesperación.

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Nadie se espera a la inquisición española.

Los orígenes de esta controvertida organización que tan mala fama dio a la iglesia católica son confusos y dan pie a todo tipo de teorías. Actualmente los eminentes teólogos Rodolfo V. Krauss y Emile C. Gómez, han elaborado una teoría revolucionaria que explicaría con mayor certeza el proceso de fanatización de la inquisición.


En un principio, opina el eminente Doctor Krauss, todo parte de una terrible confusión entre Isabel la Catolica y su confesor de cabecera el ahora denostado por sus pocos escrúpulos aunque antaño conocido por sus pocas luces Torquemada. Al parecer Torquemada sugirió apresar a todos aquellos que por dudas de fe o falta de convicción cristiana no estuvieran dentro del marco aceptable para la iglesia católica, la reina, que acababa de completar la denominada Reconquista enfatizó su respuesta y pronunció una frase histórica que cambió la vida de numerosas personas, lo cual da una pista sobre las delicadas implicaciones que puede tener una sola palabra pronunciada por la persona incorrecta. Sus palabras fueron:

“No dudéis en capturar hasta el último infiel, prendedlos a todos”.

El resto, por supuesto, es historia.

Saturday, April 28, 2007

Una opinión

Esta entrada va a ser breve. No contiene relato, sólo es una reflexión en voz alta.

1) Como puede ser que súbitamente todo el mundo sepa lo que significa "pagafantas". No había oído la expresión en mi vida y ahora resulta que todo el mundo lla conocía. Un poco como ser del Atletico de Madrid después del famoso doblete. Todo el mundo lo había sido de toda la vida.

2) Que se pretende conseguir emitiendo a una pobre chica borracha que no sólo no es capaz de esconder lo que tiene en el pelo, si no que insiste en explicarle a la cámara por qué no está borracha. ¿Aparte de publicidad viral, que consigue la cadena, que ganamos los demás en el proceso? ¿Hubiera sido más divertido si el cámara la conduce hasta un obstáculo y se rompe los dientes en el proceso?

¿De verdad nos quedamos ahí?

Luego nos quejamos de que pongan tanta programación "rosa" en todos los lados. Lo trivial es lo que entretiene, no hay más que mirar las cifras de audiencias.

Hace no demasiado tiempo (una década y media), hacer zapping era bastante ridículo, ibas de una cadena a la otra. En ese contexto, Mingote publicó en una viñeta algo que, no se porqué, se me ha quedado grabado en la cabeza:

(dos hombres en un bar, uno habla y el otro atiende)

-Fútbol, Toros y Flamenco, ¿ve usted?, nos falta un canal.

Pues el tema es que creo que ahora hay menos diversidad.

Thursday, March 15, 2007

Y de repente...



No hay nada como tener un pequeño aliciente para sentarte a escribir, aunque sea algo pequeño como lo que estoy publicando. La verdad sea dicha... entre unas cosas y otras tengo un pequeño bloqueo, tengo ideas pero no para un relato corto, lo que escribo se extiende y se extiende y es imposible matizarlo en unos parrafos o en un par de páginas.




Un final imprevisto.

Se que no lo entiendes y no, no quiero el libro, no podría leer ni una página. ¿Te he contado alguna vez como me gusta leer a mí? ¿No? Bueno, estoy aquí postrado en esta cama y no parece que me vaya a levantar en los próximos días y a ti te obligan a quedarte a mi lado por si intento matarme.

Lo que yo hago para poder concentrarme en la lectura es salir a la calle, enchufar mi aparato de música y caminar. Aparte, no se caminar si no es escuchando música y con la cabeza metida en lo que sea que tenga a mano para leer. Puedes llamarlo circulo vicioso si quieres.

Los obstáculos los suelo esquivar ya casi intuitivamente, aunque tengo mis métodos. Bolardo, giro de cadera. Otro bolardo, giro de cadera. Mancha sospechosa en el suelo, pequeño saltito, el truco está en estar atento a la visión periférica. Tiene que ser todo un espectáculo verme andar por la calle. Tengo la clara impresión de que alegro la mañana a más de uno del barrio.

Si la calle está demasiado transitada y cabe la posibilidad de chocarme frontalmente con alguien, suelo acogerme a la espalda de un desconocido y me sincronizo con él para mantenerme a la misma distancia siempre. Él esquiva por la derecha, yo detrás. Se para súbitamente, me detengo. Esto me es extremadamente útil en los cruces y me ayuda a respetar los semáforos. Más de una vez he notado cierta suspicacia hacia mi persecución, pero con cambiar de espalda basta.

He probado a leer de otras maneras más comunes pero ésta es la única que me funciona. Sentado en un parque siempre acabo por cansarme. El sofá de mi casa es cómodo pero adolece del mismo defecto que un parque cualquiera, me aburre. Escojo un cómic, un libro, un manual, algo y salgo a mover las piernas. ¿Es acaso tan raro?

Cuento todo esto, porque creo que hace falta una explicación a lo que me ha pasado, de otra manera no se puede entender que haya hecho lo que he hecho. Y te repito que no estoy loco ni estaba deprimido…

¿Cómo quieres que supiera que el tipo quería saltar delante del autobús?

Thursday, January 18, 2007

Un cuento de niños

Esto que pongo aquí, estaba pensado como un guión para un cortometraje. Cortometraje que puede que algún día, el día que queramos preparar un rodaje con niños animales y naturaleza todo en uno, se haga.



Un Cuento de Niños

Desde una colina se ve un valle boscoso. Entre los árboles asoman algunas casas. Vemos a un niño mirando desde la colina al pueblo. Va vestido con ropa actual.

[Narrador]-Hace algún tiempo, en un pueblo perdido entre los montes, vivía un niño que era muy aventurero.

(Sonido de scrach)

[Miedosín]-¿Pueden ser tres niños?

(Pop, Pop, dos niños aparecen al lado del primero.)

[Narrador]- …Vivian tres niños que eran muy audaces. Nada disfrutaban más que salir en busqueda de tesoros y aventuras.

[Miedosín] -Ahhh, como molan, Piratas.

(Pop, los niños van disfrazados de piratas)

[Valenton] -Noooo, son Vaqueros

(Pop, los niños van disfrazados de Vaqueros)

[Miedosín] -¡Piratas!

(Pop)

[Valentón] -¡Vaqueros!

(Pop)

[Principito] -No, no, son tres príncipes.

(Pop, los niños se miran los unos a los otros bastante satisfechos)

[a coro M y V]- Hmm… Bueno, vale.

[Narrador] – Los tres niños… Eeehm, los tres príncipes, salían siempre de paseo con su caballo blanco.

[Principito] –Un caballo no mola, ¿mejor un unicornio?

(Pop, al caballo le sale un cuerno en la frente)

[Narrador] –Andando con su unicornio por el bosque, los príncipes buscaban la corona perdida del rey Arturo…

(Se ve, en una imagen difusa, una roca musgosa sobre la que reposa una corona dorada con pequeñas gotas de rocío sobre ella)

[Valentón] –No, no, una corona no, será la espada. El rey Arturo tenía una espada, eso lo he leído yo.

(Pop. La corona es ahora una espadarefulgente clavada en la misma roca)

[Narrador] -…La espada del rey Arturo estaba escondida en mitad del bosque oscuro donde vivía la bruja mala…

(La imagen se aleja un poco y una bruja muy fea se pone delante de la espada haciendo gestos intimidatorios y riéndose de manera desagradable)

[Miedosín] -¡Que miedo, una bruja!, no sigas contando que me asusto.

[Narrador] –La bruja, que no era tan mala, repartía caramelos a los niños cuando iban al bosque.
[Los tres a coro] –Ahhh bueno.

(Los niños saludan a la bruja que ahora es un poco más guapa y cogen los caramelos y la espada y se alejan andando. La bruja se despide de ellos con la mano y una extraña sonrisa)

[Narrador] -…Pero los caramelos eran solo de eucalipto y menta.

(Todos ponen caras raras)

[Los tres a coro] – ¡Que mala!

[Narrador] – Los niños caminaron y caminaron por el bosque hasta que este se hizo tan denso que tuvieron que dejar a su caballo pues no podía acompañarles más

(Pop, el cuerno desaparece)

[Principito] – Ahem...

[Narrador] - ...Unicornio

(Pop, el cuerno vuelve a aparecer mientras se alejan del caballo)

[Narrador] -Los tres príncipes se miraban los unos a los otros inquietos por que sabían que en la parte más densa del bosque habitaban todo tipo de criaturas misteriosas, como el gigante Barba Negra, que asaltaba a los incautos que se cruzaban en su camino y les robaba todas sus pertenencias. También estaba el Temible Dragón Rojo, del que decían que había raptado, hacía no mucho tiempo, a una hermosa princesa a la que la mantenía retenida en su cueva.

[Narrador cont.] Tan oscuro era el bosque que...

(Los tres príncipes van andando con las manos por delante con miedo de tropezar)

[Valentón] – ¿Y porqué no encienden una antorcha, o un candil? Los príncipes siempre llevan candiles, que lo he visto en la películas.

(Los príncipes, sacan unas linternas y el bosque se ilumina)

[Principito] – ¿Las antorchas van a pilas?

[Miedosín] – Es que con el fuego me quemo y estas iluminan mejor.

[Narrador] –Pero cuando encendieron sus ant... sus linternas, entre los árboles del bosque vieron al gigante Barba Negra que sujetaba entre sus manos un enorme garrote.

(Un gigante enorme con una gran barba negra aparece delante de los príncipes con un garrote enorme entre sus manos)

[Gigante] –Ho Ho Ho, soy inmune a vuestras pequeñas armas. Ahora si que estáis en problemas.

[Narrador] -Los príncipes que no se iban dejar intimidar desenfundaron sus espadas y...

(Suena el silbido de “El bueno, el feo y el malo” y uno de los principitos va vestido ahora de vaquero)

[Valentón] – No, las espadas no, saco la escopeta.

(El gigante se queda sorprendido mirando la escopeta y ahora se agita incomodo sin saber que hacer con el garrote. Parece que ha perdido un poco de tamaño)

[Gigante titubeante] -Bueno, estaríais en problemas si anduvierais solos por estos bosques, pero por aquí nadie os va a molestar. Me han dicho que hay un malvado Dragón en alguna parte hacia allí, si queréis os puedo indicar por donde es y eso.

[Narrador] -Y entonces los príncipes y el vaquero, andando de la mano con el gigante avanzaron por el bosque silbando una alegre cancioncilla.

(Los príncipes van andando de la mano del gigante y el vaquero en los hombros. Según caminan por el bosque un lobo les sale al paso pero en vez de atacar se une al grupo, y un grupo de bandidos, que saltan amenazantes, cuando se encuentran con la que se les viene encima, se hacen los tontos y se unen a la comitiva)

[M, V y P a coro] La bruja, la bruja que mala era la bruja,
El gigante gigante, menudo talante,
No tenemos miedo del bosque oscuro,
No nos asustan monstruos y brujos.
Tampoco los dragones nos tocan...

(scraaachh, la troupe que rodea a los príncipes se les queda mirando.

[Narrador apresurado] – Y cuando los príncipes estaban en mitad de la canción, se dieron cuenta de que acababan de llegar a la cueva del dragón.

(Hay una transición muy rápida y de repente, aparece delante de los principes la enorme cueva del dragón, de donde salen unas amenazantes llamaradas. Los que acompañan a los niños dan unos pasos atrás intimidados y acaban por dejarlos solos)

[Valentón] -...Nos tocan...

[Narrador apresurado] - La cueva, era enorme, el fuego daba mucho miedo, el dragón...

[Miedosín] – El dragón nos tocaba...

[Narrador apresurado] - ...Ooooh que miedo daba el dragón...

[Principito] – Horribles canciones, nos tocaba horribles canciones.

[Narrador aliviado] – Ahhhh.

(los dos principitos y el vaquero se ríen por lo bajo)

[Narrador] – Bueno, pues el dragón era invencible, hacía muy poco había atacado el castillo del rey y había raptado a la hermosa princesa. De nada habían servido las espadas y las flechas...

(Vuelve a sonar el silbido del oeste)

[Narrador] –Ni las metralletas ni las pistolas, hmmm. No se podía hacer nada contra este dragón cantarín.

[Narrador con voz retumbante] –Soy el malvado Dragón y aunque toco horribles canciones nadie toca mis...

[Valentón] ¡Aha!

[Narrador con voz retumbante] ...mis posesiones. Sobre una cama de oro duermo y joyas y gemas almaceno.

(Valentón parece un poco decepcionado)

[Miedosín] –No, joyas no, mejor una playstation.

(Suena varias veces pop con mucho eco como si sonara desde dentro de la cueva)

[Narrador con voz retumbante] -Sobre una cama de oro duermo y varias playstation almaceno. Preparaos para morir pues contra mi aliento solo se puede sufrir. Soy un malvado Dragón y hacer el mal es mi única ambición.

[Principito] – Que canción más horrible.

[Narrador con voz retumbante] –Temedme príncipes y vaqueros, que nada podéis hacerme con vuestros aceros, huid corriendo, huid deprisa que vuestras pistolas me dan risa. Soy malo y soy invencible y mi ira solo se aplaca con...

(suena un redoble militar y Valentón saca algo de su cinturón)

[Valentón] ...¡Dinamita!

[Narrador con voz grave] Ehhhm...

(Valentón lanza la dinamita encendida dentro de la cueva y se oye una enorme explosión. Todo tiembla durante un rato y después los niños entran a todo correr en la cueva dando gritos de alegría)

[Narrador] Una vez acabaron con el dragón, al entrar en la cueva descubrieron muchos tesoros y al fondo de la misma se encontraron a la hermosa princesa que estaba sentada en un rincón.

(La cueva tiene algo de humo y no se ve mucho al dragón, después de cruzar un poco del humo se ve al fondo sentada y aburrida a una princesita)

[Princesa] –¿Y no podría estar jugando a algún juego?.

(pop, en la cueva la princesa ahora está jugando con la consola y hay musiquilla de videojuego)

[Narrador] –Y los príncipes, el vaquero y la princesa se fueron andando a su castillo con los todos los tesoros recuperados.

(Se ve a los cuatro niños andando hacia el bosque con la consola y poco a poco se va oscureciendo todo y suena música de final feliz)

[Princesa] –Pues yo prefería ser una pirata...

(todo se vuelve a iluminar rápidamente, pop, la princesa es ahora una pirata. Todo se vuelve a oscurecer)

En un salón, tres niños, una niña y un adulto están sentados en varias sillas y un sofá. El adulto cierra un libro que está prácticamente en la primera página.

[Niño] – ¡Jo, papa, que libros más guays nos lees!

FIN

Friday, January 05, 2007

Humildes disculpas




Ante todo decir que lamento no haber escrito nada durante bastante tiempo, lo lamento sobretodo por mi, claro. Frustra bastante no poder concentrarse durante un mínimo tiempo para escribir unas líneas. Delante de mi camino se han cruzado los trenes de la navidad, el año nuevo, la familia y un pequeño etcetera, que ha impedido que mis dedos y mi teclado se comuniquen más que para usar las muy odiosas teclas [a] [s] [d] [w] y pocas más.

¿Cuanto va a durar esto?

La buena noticia es que tengo tres o cuatro cosas medio escritas en papel y que cuando me decida a sentarme para transcribirlas pueden dar pie a algo más electrónico :]
¿Mejorará mi estilo, mi ortografía y mi horrible manera de puntuar los textos, el hecho de que escriba con menos frecuencia y ansiedad?, no se pierda el póximo capítulo.

Adjunto os pongo una foto que nada tiene que ver con mi blog ni con nada de lo que he escrito hasta el momento, pero que ha llamado poderosamente mi atención. La planta es una Welwitschia Mirabilis y por lo que parece, la imagen está tomada en el desierto de Namibia. [Confusión,
confusión]

Sunday, November 19, 2006

Friday, November 17, 2006

Ho, Ho, Ho.

Este relato lo escribí para participar en un concurso de cuentos con temática navideña. Finalmente no llegué a tiempo pero aprovecho y lo publico en mi blog. Hace poco mantuve una conversación sobre la fe más concretamente sobre la ausencia de ella. No solo en aspectos religiosos, claro. Quisiera añadir a mi lista de cosas en las que he perdido la fe temporalmente [espero recuperarla] "La navidad". Sin más preambulos, el cuentecillo.

Ho, Ho, Ho.

-¡Feliz Navidad, Feliz Navidad! – David grita esta frase una y otra vez mientras agita una pequeña campanilla de bronce y golpea sus pies en el suelo para intentar sacudirse el frío que se le cuela por las suelas de sus zapatos.

La calle está repleta de gente sonriente que acude a su cita anual con los grandes almacenes para comprar todo lo que tendrán que pagar el año que viene. Una pareja lleva a un niño a rastras mientras intentan entrar por las puertas de uno de estos templos del consumismo. El niño se ha quedado embobado mirando a David en su ridículo disfraz de Papa Noel.

-Tú no eres Papa Noel. Papa Noel es mucho más gordo y no lleva un traje verde.

-Feliz Navidad. –David no pretende darle más réplica. La pareja forcejea con el niño que está empeñado en descubrir un fraude navideño. Suficientemente mal lo está pasando estas navidades para ahora tener que dar explicaciones, a un chaval que no levanta más de un metro del suelo, de porqué la compañía que le está pagando dos duros por pasar frío en la calle, ha decidido que Papa Noel vista de verde.

-HohohoFelizNavidad. –David agita su campanilla como si quisiera espantar al molesto infante, mientras él mismo da unos pasos alejándose. Subir y bajar la calle sería más cómodo si las suelas de las botas que lleva por disfraz no fueran tan planas. Ha llovido un poco y ahora cada vez que da un paso y pisa las resbaladizas baldosas de la calle comercial en la que se encuentra resbala ligeramente. Lo último que le queda a su autoestima, es el bastión de no haber caído al suelo hasta ahora.

-Feliz navidad señor, le deseo feliz navidad. – David agita la campanilla delante de la cara del ejecutivo que acaba de pasar.

-Búscate un trabajo de verdad.

-Ho, hou, … - David está empezando a cuestionarse si le pagan lo suficiente por hacer esto. No solo es la humillación de que te obliguen a practicar los “ho, ho, ho”, o que cada cierto tiempo tengas que hacer el baile del teléfono móvil, es que además tienes que aguantar este tipo de actitudes.

Y se supone que es navidad, en navidad la gente debería pensar en otras cosas que no sea ir de compras u organizar enormes cenas. Menuda broma lo del espíritu navideño. Tanta historia con las fiestas de navidad, tanto rollo cuando eres niño y cuando creces descubres que no es otra cosa que una fecha promocionada por los vendedores y los grandes almacenes. Feliz navidad, te dicen mientras llenan la pantalla de tu televisor de gente que es feliz y compra, es feliz y compra, es feliz… y compra. El mensaje está claro. Navidades, compra.

Está claro que si el pudiera se olvidaría de esta chorrada del papa Noel verde y estaría en su casa al calor de su pequeño hornillo o en esta misma calle, vestido con ropas menos llamativas y comprando para ser un poco más feliz.

-David, hay que bailar. –Fernando, otro Papa Noel verde, le toca el hombro por la espalda y le indica un escenario que han montado en mitad de la calle para llamar más la atención. De esta manera, si bailando a nivel de calle alguien podría no verle, allí era virtualmente imposible que ninguno de los viandantes evitara posar sus ojos sobre los dos esperpentos verdes que se retorcían al ritmo de la conocida tonadilla musical de la marca que pretendían promocionar.

Penosamente David sube al escenario ayudado por Fernando y se prepara para la danza. A su alrededor queda formado un corro de curiosos. En la cara de la mayoría de la gente descubre sorpresa, no se esperaban ver este tipo de espectáculo en mitad de la calle aunque les entretiene. Otros, un grupo muy surtido, directamente se mueren de risa. Por último, los menos, pasan de largo evitando mirar a los pobres infelices, que se ven obligados a trabajar en estas fechas, en mitad de la calle, con este frío y disfrazados.

Cuando termina el baile unos tímidos aplausos se escuchan entre la multitud que ya se dispersa.

-Como me gusta este trabajo. –A Fernando le encanta sobretodo la parte del baile. David no puede ocultar su cara de sorpresa cada vez que le comenta lo bien que se lo pasa.

-No entiendo que le ves de positivo, ‘hoho hoho’. -David agita su campanilla tan penosamente que más que tintinear gruñe.

-¡Les damos felicidad y alegría!, ¿has visto que caras ponen los chiquillos cuando nos miran?- David no suele mirar a los niños, ya ha tenido suficientes experiencias negativas con ellos durante la semana que lleva interpretando este colorido papel.

-¡FELIZ NAVIDAD HO, HO, HO! ¡FELIZ NAVIDAD¡ -Contento como un animalillo, Fernando se aleja de David e intenta imitar a Papa Noel. Su voz es muy aguda y lo único que consigue son unas cuantas papeletas para tener una afonía al día siguiente.

Cinco años de carrera interpretativa para acabar junto a un chaval de veinte tacos gritando felicitaciones navideñas y bailando espasmódicamente en un escenario en mitad de una de las calles más transitadas de toda la ciudad. Al menos la barba no deja que se le reconozca tan fácilmente.

Hace ya un rato que le está doliendo la cabeza y las insistentes proclamas de Fernando a voz en grito no ayudan en absoluto a calmar su dolor. Algo hay que hacer para solucionarlo.

-Fernando, amigo, para un momento. -David le pone la mano en el hombro y Fernando pega un pequeño respingo, esta tan centrado en hacer sonar su campana tan fuerte como pudiera que no se ha percatado de la presencia de David hasta que este le toca.

-¡Feliz Navidad, Feliz Navidad!, ¡HO HO HO!

-Sí, Fernando, sí, feliz Navidad, pero tranquilízate. No por agitar más fuerte ese cacharro de metal vas a hacer feliz a más gente. - Sobretodo a mi, piensa David. - Si paras un momento de agitar esa campana, te cuento como has de hacer para repartir felicidad adecuadamente.

Fernando, que es un entusiasta como un niño, asiente casi con ansiedad. Su interés por las lecciones de David es sincero, tan sincero que David se siente en la obligación de demostrar que cinco años de universidad para actores, pagados del sudor de su frente y la de sus padres, han merecido la pena. Si uno debe ser Papá Noel, lo será con todas las de la ley, pero sin agitar la maldita campanilla.

-Lo primero que has de hacer es tener un poco de porte. Si no te colocas bien la almohada que hace de barriga no darás la impresión que pretendes. –Entre los dos se afanan en acolchar la mullida almohada, David no la necesita, en ese sentido él se basta para compensar esa parte del disfraz. -Los hombros erguidos la cabeza firme… ahora, nos arreglamos la barba, que quede bien lucida, y ante todo mantenemos actitud jovial, hemos venido hasta aquí con una misión, repartir regalos y felicidad, y eso se tiene que notar en la mirada. -David que inconscientemente ha ido haciendo caso de sus propias instrucciones, no se da cuenta, pero mirándole atentamente hay un grupo de gente expectante. – Y finalmente la voz, es una voz grave que sale desde muy dentro, no has de contenerla, mira, -David Carraspea para aclararse la garganta.
–HO, HO, HO, ¡Felíz Navidad!

Fernando le mira con los ojos abiertos de par en par mientras aparta la barba de su cara con la boca abierta. Inmediatamente, como si de una señal se tratara, unos blancos copos de nieve caen desde el cielo, el centro comercial aprovecha este mismo instante para encender todas sus luces navideñas y un artista callejero se decide por “Happy Christmas” de John Lennon. Un niño tironea el abrigo de su padre y señala a David mientras sonríe ilusionado. De improviso, la navidad inunda la calle.

Saturday, November 04, 2006

Papiroflexia

Este Relato, es la continuación a un cuento que escribí hace bastante tiempo y parte de una serie que tenía lugar en un universo que denominé "mundogris". La foto está tomada en el intercambiador de Moncloa.
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Papirofléxia
Érase una vez un mundo gris, triste y monótono. Érase una vez una ciudad apagada y sin vida. Érase una vez un personaje abandonado de toda vitalidad y dedicado a su día a día.

Todas las mañanas, extremadamente temprano, antes de que el sol empezara su diaria pelea para iluminar un poco los grises jirones de niebla de la ciudad, se levantaba para acudir a las oficinas en las que trabajaba desde hacía ya 15 años.

Su puesto era un lugar destacado entre la muchedumbre. Y aun así, era uno más de tantos otros. Sistemáticos, aburridos, constantes e idénticos pequeños hombres grises.

Sus días quedaban iluminados no por el tenue sol, si no por la presencia de un pequeño niño que todas las mañanas, ofrecía a los trabajadores de su centro pequeñas tazas de café. A diferencia de sus compañeros, a la hora del descanso, él bajaba a la calle y buscaba al joven comerciante. La presencia del niño y los aromas de la bebida le transportaban a épocas más cálidas.

Un día, por mucho que buscó al niño no fue capaz de encontrarlo. Preguntó por él, pero nadie supo decirle que había pasado o a donde había ido. Es más, pocos recordaban haberle visto.

Sólo entonces descubrió lo vacía que hasta entonces había sido su vida. La monotonía de todos los días se le hacía ahora agotadora y veía como su vida desembocaba en un triste charco de agua estancada.

Agotado en su habitación, a la luz de un intermitente halógeno que aun no había tenido tiempo de reparar, sentado en su pequeña cama y solo, intentó recordar que es lo que le hacía la vida más pasajera cuando era más joven.

Se propuso anotar en un papel las cosas que antes hacía y que ahora, por la responsabilidad del trabajo o por el cansancio acumulado, había dejado de hacer. Pero había pasado mucho tiempo y ya no se acordaba de nada. La hoja seguía vacía y desafiante… amenazando con ser su prospecto de futuro.Indagó en lo más profundo de su memoria sus años más jóvenes y logró recordar las cosas que le enseñaron cuando era muy niño. El abecedario, los colores, los juegos, las manualidades…

Decidió que para retomar su vida, debía reconstruirla desde el principio y se procuró papel, lapiceros y tijeras. Escribir y otras tantas cosas básicas no se le habían olvidado así que, su primer paso sería hacer una pajarita de papel. Intento mil dobleces distintos, plegó el papel de infinitas maneras, pero no había forma… ya no se acordaba de cómo se hacía. Tras mucho buscar en su casa encontró un manual serio y gris que explicaba la manera precisa de hacer el truco. Abandono entonces su tarea y se decidió a retomarla al día siguiente.

Después del trabajo, regresó a casa agotado pues la noche anterior había dormido poco. Se sentó en su cama y cogió su manual. Las instrucciones eran escuetas, sencillas y pulcras.

- Utilizar papel manejable.
- Realizar un plegado cuidadoso y pulcro, especialmente en los vértices.
- Trabajar en una superficie dura y lisa.
- La perfección en el doblez se alcanza pasando la uña del dedo pulgar a lo largo del pliegue.
- Seguir cuidadosamente la secuencia de confección de la figura.
- No eliminar pasos intermedios.
- Poner atención en cada paso, a su ejecución y dirección.
- Estar concentrado en la labor a desarrollar.
- Trabajar con las manos limpias.

Empezó por el final y se lavó las manos con mucho cuidado. Extendió su primera hoja de papel en blanco y lenta pero metódicamente hizo todos los pasos necesarios hasta que logró su pequeño pájaro de papel. No tenía vida, era gris, feo… monótono. Los pajaritos de papel de su memoria le llenaban de alegría pero este sólo le hacía pensar en todo el tiempo que había perdido haciéndolo.

Molesto por este fracaso, realizó otro pajarito de papel. Si lo hacía con más entusiasmo sería mejor. Otro fracaso. Y otro… y otro más y otro, y otro y otro... Pronto su cama estaba llena de pajaritos de papel, grises, feos y expectantes, como si de un siniestro ejercito papirofléxico se tratara. Abatido, los lanzó al suelo y se derrumbó sobre su cama intentando dormir las pocas horas que le quedaban antes de tener que volver a su trabajo.

Al día siguiente estaba más cansado aun, al llegar a casa tenía pensado tumbarse y dormir todo lo que le faltaba, al no haber descansado lo suficiente, no había podido concentrarse en el trabajo y había tenido que saltarse la comida para recuperar el ritmo. Pero los pajaritos de papel estaban allí, esperando detrás de la puerta. Arrugados y retorcidos pajaritos realizados según los metódicos pasos de su manual.

Sin poder dejar de fijarse en los pequeños monstruos se recostó en su cama, pero no podía conciliar el sueño. Sus imperfectas creaciones no se lo permitían. Con esfuerzo, se volvió a levantar y se sentó otra vez en su cama preparado para hacer otro intento. Hizo cinco, diez, quince pajaritas y no logró más que quedarse sin papel. Sus pájaros eran secos, monótonos y de alguna manera, que sólo él sospechaba, resentidos por no tener espíritu, por ser grises y apagados. Destrozado por el cansancio, cayó dormido entre una horda de pájaros de papel que nunca volarían.

Al día siguiente se despertó tarde y no llegó a tiempo al trabajo. Para compensar, tuvo que realizar tareas que no le correspondían, y ya había caído la noche cuando logró regresar a casa. Los pájaros estaba ahí, inmóviles, acechándole desde todos los rincones de su habitación. El cansancio acumulado de todo el día le golpeaba como un martillo, pero estaba decidido a terminar de una vez por todas un único pajarito de papel que le satisficiera.

Se sentó en su cama y se dispuso a empezar, pero no le quedaba más papel. Desesperó durante un momento y buscó por toda su casa hasta que descubrió su manual. Arrancó hoja tras hoja mientras hacía los pliegues necesarios, y para cuando terminó con él, descubrió que sus pajaritas eran sutilmente diferentes a las anteriores. Tal vez, al destruir el libro, había logrado escapar de la monotonía.

Pasó la noche en vela realizando todo tipo de pliegues con todos los libros, manuales o trozos de papel que encontraba, saltándose pasos y usando hojas irregulares. Poco a poco sus pajaritos cobraron color. Satisfecho, y con el sol entrando por la ventana se derrumbo en su cama arropado por sus creaciones de papel.

Durante el día el teléfono no dejó de sonar. Pero su cansancio era tal y su sueño tan profundo que no lograron despertarle. Por la noche, cuando logró abrir de nuevo sus ojos, encontró que alguien había deslizado por debajo de su puerta una carta, con el sello de su empresa. No se molestó en abrirlo.

Feliz y rodeado por una pequeña multitud de pajaritas sonrientes entendió cual había sido su gran error. Había seguido las instrucciones de un libro gris queriendo hacer pajaritas de colores. Le quedaba un último paso, abrió la única ventana que tenía en su cuarto y liberó sus aves de papel iluminando durante un momento la oscura noche de de la gris ciudad, llenándola de color.

Sunday, October 29, 2006

Varianza

Para cambiar un poco el estilo de mi blog y usar el espacio web que me regala mi proveedor [que ya era hora] he colgado una pequeña pieza de flash que hice el jueves pasado.

Pues eso, que lo disfruteis xDD

http://personales.ya.com/zafyro/minicorto.htm

Sunday, October 15, 2006

Volver

Un micro relato de doscientas palabras. Hace poco presenté el primer relato minusculo que hice ["Desaparecer" http://zafyro.blogspot.com/2006_03_01_zafyro_archive.html] a un concurso de relatos de no más de 200 palabras.
Si teneis algo que presentar no dudeis en hacerme la competencia. ;)
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Volver

Como todos los días, entro en mi casa y mecánicamente realizo mis pequeños rituales. Las llaves en el cajón de la alacena de madera, el abrigo lo cuelgo solitario en el perchero, me quito los zapatos y acaricio la cabeza de mi gato que ya está frotándose en mis piernas.

Está lloviendo. Lluvia fría y gruesa de tormenta de verano que empapa el ambiente e impregna el aire de olores frescos. Enciendo las luces del pasillo y pongo un poco de música, algo clásico para relajarme mientras preparo la cena. La sexta de Beethoven.

Me siento en mi sofá favorito y dejo que mi cabeza vuele un poco con la música. Suena el timbre del horno y me preparo para cenar. Pollo con pimientos, cebolla y puerro, regado con un Protos joven y muy sabroso.

Sentado a la mesa, termino mi cena. Ha sobrado la mitad de la bandeja y más de media botella de vino. Me quedo en la silla quieto mirando la pared de mi salón. Unas marcas rectangulares delatan la ausencia de algunas fotografías que antes decoraron ese muro. El maullido de mi gato me despierta y empiezo a recoger los restos.

Sigue lloviendo. Ella ya no está.

Wednesday, October 04, 2006

El anticuario

Este cuento es un sincero homenaje a uno de mis autores favoritos Roald Dahl. Además es el relato que he presentado a concurso en el pixel de oro, prestigioso galardón que en caso de ganar irá a mis vitrinas virtuales. Para aquellos que quieran presentarse al afamado concurso os dejo aquí un enlace.
La foto claro esta, es de marcoticos.
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El anticuario.







La tienda de antigüedades de David Francesco, La Caja de Sorpresas, era conocida en toda la capital por la excelencia de sus materiales. La tienda, de pequeñas dimensiones, estaba siempre abarrotada de increíbles piezas de mobiliario. El aún joven Don Francesco se había labrado una impresionante reputación al ser capaz de encontrar, en su muy breve vida de anticuario, autenticas piezas de arte sin que nadie supiera de dónde o cómo las conseguía.

D. Francesco había citado hace una semana en reunión privada a tres de sus más cercanos amigos. Cuando al caer la tarde tres figuras se acercaron a la tienda, Marcos, el Asistente de D. David, abrió la puerta para que pasaran. Una vez entraron, cerró la candada a medias para dar a entender que la tienda ya no estaba abierta al público.

-Antonio, Ana y Paloma. Llegáis puntuales como nunca. Pasad y acomodaros, Tengo que contaros algo que os sorprenderá.

David les recibió sentado en una magnífica silla estilo Chippendale inclinada sobre solo dos de sus patas mientras apoyaba las piernas cruzadas encima su escritorio.

- Como te gusta el misterio David. -Ana esbozaba una amplia sonrisa, sabía de buena tinta que uno de los motivos por los cuales David la había invitado era para cortejarla.

-Dios mío, no me digas que la silla es auténtica. ¿No es auténtica verdad cariño? Antonio era un apasionado de las antigüedades. A duras penas podía soportar como era maltratado uno de los muebles de su ebanista favorito.

-Lo hace sólo para molestarte Antonio, no le sigas el juego. Él tampoco se arriesgaría a estropear la silla si lo fuera.

-Claro que no es auténtica. –David se levanto de la silla y les indicó que se acercaran a él con un gesto conspiratorio. Una vez cerca les dijo susurrando. -Tenéis que permitirme que os diga que hoy estáis particularmente arrebatadores, ¿Cómo lo hacéis para conservaros tan bien?

-Eres un terrible adulador, no estamos ni la mitad de elegantes que tú, parece que por ti no pasan los años en absoluto bribón. -Ana se había sonrojado casi inmediatamente.

-Deja ya los susurros, nos tienes en ascuas, hace una semana que esperamos para que nos cuentes de qué trata todo este misterio. ¿Por qué es tan importante que vengamos hoy aquí? Podrías haber quedado con mi hermana a solas y ya está. -Paloma no pudo reprimir una mueca de sorna, aunque era un secreto a voces lo de su David con su hermana, sabía muy bien que a él le molestaba que se comentara en voz alta.

-No seas mala cariño, déja que se explique…

-Si Paloma, déjame hablar y veras como no te decepciono. ¿Alguna vez no he cumplido con vuestras expectativas? -Los orgullosos ojos de David se movían de un lado a otro un poco inquietos. -Os he traído aquí para contaros una historia y haceros una proposición, pero antes… -David hizo sonar la campanilla que tenía siempre sobre su escritorio y su asistente apareció casi al instante portando una bandeja plateada, cuatro copas de finísimo cristal y una exótica botella de vino tinto.

-Puedes marcharte por ahora Marcos. Recuerda que mañana a primera hora alguien dejará un paquete de gran importancia. Deberás colocarlo antes de levantar las rejas junto a los maniquíes del escaparate. Traerán también unos vestidos de época para que prepares la escena habitual.

Tras efectuar una cortés reverencia y sin decir una palabra Marcos se alejó del grupo y salió discretamente de la tienda.

-Tu asistente es una joya, está siempre en su sitio.

-No creas Ana, he tenido que adoctrinarle con severidad. Lo más difícil fue hacer que tuviera un poco de educación al hablar con los clientes.

-Un gran trabajo entonces, es difícil que la gente comprenda su posición social. ¿Se ha perdido un poco el respeto a las clases verdad?

-Permíteme que te interrumpa cariño, veo que la botella ya está abierta y creo que deberíamos saborear el vino mientras escuchamos la historia que David quiere contarnos. -Antonio tenía entre sus manos la botella de vino y la estaba examinando con delicadeza y muchísima atención. El vino era su otra pasión, un detalle que colocaba a Paloma en una alejada tercera posición en sus intereses.

-Siempre pensando en lo mismo mi amor.

-El vino debe esperar, no es un vino cualquiera. Creo que preferiréis escuchar mi historia antes de decidir si queréis beberlo o no. -David extendió su mano señalando tres sillas colocadas delante de su escritorio, se sentó y les miró de una manera tal, que dejaba pie a poca réplica.

Los tres invitados se sentaron y, por primera vez en la noche, esperaron atentos para saber qué es lo que David les tenía que contar.

- Hace apenas una semana, justo antes de que os llamara, hice una visita a uno de los lugares donde suelo ir para encontrar mis pequeñas joyas…

-¿Nos vas a explicar entonces tu secreto? ¿Es por eso que nos has llamado? -Antonio apenas podía ocultar su ansiedad.

-Si tenéis paciencia acabaré por contarlo, sí. Si me interrumpes así otra vez creo que no lo haré. Antonio se calló inmediatamente e hizo un apresurado gesto de disculpa para que David continuara.

-…Hace una semana, como os decía, en uno de estos lugares, encontré una pieza increíble, una Cómoda Regènce de una gran calidad, aunque un poco maltratada por el tiempo. -David hizo una pequeña pausa para ver como Antonio se retorcía en la silla de expectación, sabía que no hace demasiado tiempo se había subastado una pieza similar por más de veinticinco mil euros. -Esta tienda, es un pequeño bazar árabe dentro de uno de los barrios más marginales de la ciudad. Los inmigrantes llegan a nuestra ciudad desde donde sea que vienen con todos sus enseres, y cuando descubren que éste no es el paraíso prometido, van vendiendo sus viejos muebles de madera al peso a tenderos que, en la mayoría de los casos, no saben lo que compran. El dueño de la tienda, un marroquí con el que he hecho negocios otras veces, me llevó directo a la pieza y estuvimos regateando. Acordamos que le pagaría mil quinientos euros. -Otra pausa de efecto para ver como su compañero tragaba saliva al escuchar la cifra. -Aún así, pensé que mil quinientos era demasiado caro para pagárselo a un moro. Si aceptaba darle tanto dinero no podría hacer este tipo de negocios otras veces en mejores condiciones, así que decidí tirar un poco más de la cuerda y le ofrecí sólo la mitad, setecientos cincuenta euros. “No es posible, no es posible, demasiado barato”, me decía el infeliz. Estuvimos discutiendo un rato más y el morito acabó por amenazarme. Me dijo que sabía que yo vendía estos mismos muebles a un precio mucho más caro, que se lo contaría a todos sus compañeros y nunca volvería a hacer negocio allí.

-Estos moros, no se puede confiar en ellos. -Paula estaba indignada. Ana por su parte estaba algo confundida, para ella pagar setecientos cincuenta euros por una cómoda ya era muy caro.

-Eso pensé yo, así que le dije que si no quería problemas con la policía, más le valía tener la boca cerrada. Sabéis que soy una persona razonable, pero cuando me encuentro con gentuza tan descarada e insolente no puedo reprimirme. Le amenacé tanto con mis influencias, que definitivamente se acobardó y aceptó lo que le ofrecía. Es más, tanto me ofendí por la actitud del tipejo que me dirigí a la salida prometiéndole que me pensaría lo de la denuncia.

-¡Bien hecho!, ése se llevó lo que se merecía por insolente. ¿Le has denunciado ya?

-No Ana, no. Pretendía hacerlo, pero cuando estaba llegando a la puerta el pobre morito me ofreció un regalo a cambio de mi indulgencia. Una botella de vino, esta botella de vino. Me dijo que podía quedármela y sólo me pedía que si me gustaba no le denunciara. Tendríais que haberle visto, todo humillación, no se atrevió a mirarme a los ojos mientras andaba inclinado hacia mí y mantenía la botella por encima de su cabeza.

-¿Tan especial es el vino? Antonio tenía ahora un brillo expectante en los ojos y miraba alternativamente a la botella y a su amigo David.

-Mucho más de lo que pensáis. Para lo que viene a continuación, necesito vuestra completa atención. Recordad que no es un engaño y que os lo podré demostrar. Debéis tener fe en mí, he engañado a mucha gente, pero nunca a vosotros.

-Continúa, prestaremos atención a lo que nos digas. Paula afirmó esto con seguridad y los otros dos asintieron con la cabeza.

-Esa misma noche, en mi casa, me preparé para descorchar la botella. Como véis la etiqueta está escrita en árabe así que, para tener referencias sobre la misma, no me quedaba otra solución que probarla. Cuando el tapón salió del cuello de la botella, un olor dulzón invadió la habitación y tuve la sensación de que alguien bajaba la intensidad de las luces. Una voz profunda me habló directamente desde la botella y aunque mis oídos no entendían el lenguaje, comprendía cada palabra que era pronunciada. Esa voz se anunció como Emir Kâbus el Ifrit, creo que es un nombre en turco, aunque no sé bien qué significa. Me dijo que llevaba prisionero en esa botella durante más de un milenio y que recompensaría a aquellos que le liberaran cumpliendo uno de sus deseos.

Los tres amigos contemplaban a David lívidos, A él nunca le habían gustado las historias fantásticas y no era dado a mentir excepto cuando se trataba de negocios. Entendiendo que era el momento de hacer una demostración, David alargó la mano hacia la botella y retiró el corcho con el mayor de los cuidados. La sala quedó inmediatamente en penumbras y un olor azucarado e intenso invadió la habitación.

-Tuve una conversación con la criatura, y negocie cuál sería mi deseo y las condiciones en las que me sería otorgado. El deseo sería concedido a aquellos que bebieran de la botella conmigo y la criatura quedaría liberada en ese mismo momento.

-¿Y qué es lo que has pedido para aquéllos que consuman el vino? -Ana realizó la pregunta, pero se la quitó de los labios a sus dos compañeros. En su cabeza no cabían ya dudas sobre la veracidad de lo que David les estaba contando.

-Juventud y vida eterna para aquellos que le liberen de la maldición. Estaremos por encima de todos. Antonio y Paloma disfrutarán de una vida inmortal. Tú y yo Ana...
- David saco una pequeña cajita y la abrió mostrando un anillo dorado en cuyo centro había un enorme diamante tallado en forma de corazón. -Estaremos juntos para siempre.

Ana acercó la mano lentamente mientras miraba a su hermana sorprendida y emocionada. David le deslizó suavemente el anillo por su dedo.

-¿Qué decís, querréis viajar conmigo a través de los siglos?

Como si fueran una sola persona, los cuatro levantaron las copas y David las llenó con el líquido espeso y rojo que había en la botella.

-Juntos, en la eternidad y la juventud. Juntos para siempre. -El cristal chocó completando el brindis, y los cuatro vaciaron sus copas al unísono.

Al día siguiente, Marcos entró en la tienda dispuesto a trabajar, como todas las mañanas, bajo el tiránico yugo de su jefe. Si no fuera por que pagaba moderadamente bien, hace tiempo que le hubiera dejado.

En mitad de la tienda, encontró lo que supuso que era el paquete al que Don Francesco se había referido la noche anterior. No entendía mucho de este negocio pero, ¿para qué quería el ilustre anticuario cuatro maniquíes más?

Friday, September 29, 2006

El examen

Este relato tiene una anécdota, mientras lo escribía sufrí unas consecuencias parecidas a las que narro, podría decirse que hasta el momento nunca había tenido problemas de ese tipo ;)
La foto es de Silhouette.

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El examen

Hoy es el gran Examen. Hoy se decide si mi grupo suspende o aprueba. Hoy, es el gran Examen.

Mis compañeros y yo estamos todos muy nerviosos. Los ocho. En realidad parece algo fácil, es un tipo test en el cual solo hay que responder afirmativo o negativo a una sola pregunta. Hemos estudiado mucho todos los posibles errores y, si los nervios no nos traicionan, creo que aprobaremos.

Nosotros formamos parte de septuagésimo primer octeto del cuarto Millar, dentro de los Iniciadores. Nuestra misión es la más importante de todas. Nosotros debemos comenzar cualquier tipo de operación, táctica o estratégica antes de que las demás unidades puedan siquiera entrar en escena.

Nuestro Millar se encuentra ahora mismo viajando a gran velocidad hacia el lugar de examen. Cada uno de nosotros ha sido duramente entrenado para dar la respuesta correcta en el momento preciso, he aquí la dificultad. Solo responder sería muy fácil, pero a nosotros nos exigen un orden exacto que no conocemos hasta que nos presentan las preguntas.

Veo a mis compañeros más nerviosos que nunca. Nunca hemos hecho esto antes. Es más, nadie ha hecho esto nunca, los procedimientos por los cuales vamos a ser cuestionados son completamente novedosos. Esto ha causado muchas reticencias entre mis compañeros, nadie quiere fallar por culpa de que las simulaciones no se ajusten a la realidad una vez iniciado el examen.

Nuestro futuro no es incierto, todos los que viajamos en este transporte sabemos que esta será nuestra primera y última misión, no importa que tengamos éxito o no, cuando el último de nosotros entregue su información perderemos todo sentido de existencia y procederemos a ser eliminados. Es un poco cruel, pero todos lo consideramos un trato justo, para esto hemos nacido y esto es lo que debemos hacer.

A lo lejos se empieza a ver el centro de exámenes. Es un edificio tétrico, de color negro azabache, rodeado de alargados contrafuertes metálicos como si fueran las patas de una enorme araña. Al fijarnos en él, puedo percibir como a través de la compañía se extiende un sentimiento de incomodidad, parece que nadie encuentra ahora una postura cómoda para sentarse. Creo que no soy el único que quiere acabar con esto cuanto antes.

Mientras nuestros vehículos avanzan hacia las enormes puertas del edificio no puedo evitar, aunque nos han aconsejado enérgicamente en contra de ello, repasar en mi cabeza una y otra vez la respuesta que debo dar. Debo decir no, no debo decir sí. No sí, sí no. Si digo sí, no habré logrado pasar la prueba, si digo no, sí habré pasado. Si sí, no, si no, sí. Sí no es correcto, es no… y así durante un largo rato, cada vez que me asevero de nuevo que si, sí o que si no, no, estoy más confuso y cuando me quiero dar cuenta, estoy de pie, entre cientos de miles de mis camaradas mirando fijamente a un punto de luz que nos va iluminando esperando la respuesta.

La luz va alternándose entre mis compañeros. Empiezo a sudar profusamente. No recuerdo si es que sí o no es que no. Súbitamente me encuentro en mitad de un haz de luz tan intensa que quedo cegado y paralizado. Ahora si estoy definitivamente en blanco. Mi cerebro se anula, la adrenalina se dispara. El mundo a mi alrededor empieza ir a cámara lenta. Mis compañeros que perciben mis dudas empiezan a girarse lentamente hacia mi horrorizados, tan malo es equivocarse como no dar la respuesta a tiempo.

Tengo un nudo en la garganta, no se que decir, la cabeza me da vueltas. Bien pensado no debería ser tan difícil, tengo un cincuenta por ciento de posibilidades. ¿Qué digo? ¿Debería decir sí? ¿Debería decir no? Yo siempre he sido un optimista así que.

-“SÍ”


-(“Y ahora, permítanme presentarles a Mr Bill Gates, que procederá a arrancar nuestro último sistema operativo y dirá unas palabras…”)

...[Pantalla azul]

Thursday, September 28, 2006

Degeneración


Este relato lo escribí hace bastate tiempo, pero como siempre no lograba que me cuadrara. Lo publico ahora que he conseguido que tenga cierta coherencia. La foto la tome hace poco, está tratada con photosop de una manera un poco burda, pero al final creo que se consigue el efecto que quiero.
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Degeneración

Hace unos días, me consideraba una persona maldita, condenada. Ahora se que finalmente quedaré libre de mi maldición, junto a todos aquellos que me rodean. Escribo estas palabras para que si algún día alguien las encuentra, comparta conmigo mi carga e intente comprenderme. Se que esto no va ser posible, nadie llegará a ver esto que ahora garabateo. No se exactamente que ocurrirá en un futuro inmediato, pero si se que va a ser algo horrible.

La historia de mi vida está llena de dificultades. Siempre he sido un chico solitario. La gente me consideraba raro, y la verdad lo soy. No soporto a los demás. Los demás están ahí para martirizarme, el resto del mundo es mi particular infierno.

En estos tiempos de guerra global, terroristas a la vuelta de la esquina, países tercermundistas con arsenales nucleares y presidentes de gobierno ultra religiosos, personalidades como la mía no son tan infrecuentes. Sin embargo, los motivos suelen ser otros. Depresiones, pesimismo agudo… La tónica general es una mezcla de desesperación y esperanza. Todo el mundo teme permanentemente que en cualquier momento alguien pueda realizar el gesto que desencadene el principio del fin, pero tiene la esperanza de que la decisión de pulsar ese botón, recaiga sobre una persona responsable y humana. No se si a estas alturas aun quedan personas así.

El motivo de mi fobia a la compañía ajena es, como os he comentado, algo muy especial. Sufro un pequeño defecto en mis ojos. Mi visión no es como la vuestra. Yo veo el futuro. Al menos, es lo que me gusta creer. Mis ojos están malditos por que a través de ellos solo veo como el tiempo pasa rápida e inexorablemente, la gente envejece, pierde su juventud, volviéndose decrepita delante de mi a cada segundo que los observo.

Cuando era pequeño hice muchos experimentos para comprobar exactamente como funcionaba mi “poder”. Si dirijo mi mirada hacia una persona o cosa la veo marchitarse hasta que queda solo un sucio y desagradable esqueleto cubierto de tejido seco, un mal sueño sacado de las perores imágenes de un documental sobre campos de exterminio. Si aparto la mirada y vuelvo a enfocar a dicho objeto, presencio de nuevo el lamentable espectáculo. Creedme si os digo que a pesar que he visto este tipo de escenas desde mi más tierna infancia, nunca he podido acostumbrarme a ellas. De hecho, creo que cada vez lo he tolerado peor. Tal vez de pequeño pensaba que esto era normal, ahora estas visiones me producen continuas nauseas. Es por esto mi desagradable aspecto enfermizo, retener una comida se ha convertido en una prueba que debo superar diariamente.

Nunca conocí a mis padres, fui abandonado en un orfanato cuando aun era un bebe. De allí no guardo buenos recuerdos, como era ruidoso dormía siempre solo, a oscuras, en una habitación cerrada y todo lo que lograba ver me aterraba. Es un milagro no solo que sobreviviera sino el hecho de que me adoptaran.

Mi vida en familia fue dura. Tuve la suerte de inspirar suficiente pena a mis padres adoptivos como para que no se deshicieran de mi a la primera oportunidad. Mis pobres progenitores gastaron tiempo, dinero y salud en intentar adivinar lo que me pasaba sin gran éxito. Salir de mi casa era entrar en el infierno así que, me pasaba los días encerrado en casa viendo películas en una pequeña pantalla en mi cuarto. Las imágenes de mi pequeña pantalla lograban que mi cerebro se abstrajera del hecho de que delante tenía un objeto que podía ser corrupto con el tiempo y veía las formas y colores que emitía el aparato.

No lo he dicho, pero soy un gran cinéfilo. Las imágenes son una de las pocas cosas que resisten mi mirada, y disfruto viendo una y otra vez mis películas favoritas. De alguna manera, cuando era pequeño busqué las respuestas a mi problema en la pequeña pantalla. He querido encontrar a mi Tyler Durden para pelear con él por el control de mi cerebro, he llamado infinidad de veces a Tanque para que me devuelva a mi vida real, o he querido estar en el Gabinete del doctor Caligari para poder ser diagnosticado.

Podéis imaginar que ver películas como “El increíble hombre menguante” o identificarme con proceso que sufre el Dr.James Xavier y sus ojos, enfermos como los míos, me llevó a plantearme todo tipo de hipótesis sobre mi dolencia. Aun así preguntarme el origen de mi enfermedad no tiene sentido, simplemente me ha tocado a mi, no hay una explicación.

Como los protagonistas de estas películas, durante una época pensé que podría curarme o escapar de mi mundo enfermo. Visité psicólogos y diferentes especialistas en enfermedades mentales y oculares, y les conté todo lo que me ocurría. Nadie podía creerme. Nadie quería creerme. Me tacharon de paranoico peligroso pues en un par de ocasiones perdí la paciencia cuando me acosaron negando la durísima realidad a la que me había visto enfrentado toda mi vida. Finalmente, me encerraron en un psiquiátrico. Para mi era un final consecuente. Iba a volverme definitivamente loco. Tenía entonces quince años.

Con el tiempo mis gustos se volvieron cada vez más mórbidos. Por mi cabeza, ideas autodestructivas desfilaban todos los días como si de una marcha militar se tratara. Más de una vez intenté suicidarme sin éxito, los celadores del psiquiátrico abortaron todos mis intentos y finalmente, para poder vigilarme mejor, me ubicaron en la sala de los terminales. Que felicidad.

No os confundáis, para mí, las personas ancianas y las enfermas han merecido siempre mi compasión. Rodeado de ellos es como aprendí por primera vez a disfrutar de la vida. Se puede decir que hice de la sala de enfermos terminales un hogar. Mi verdadero hogar. Por muy siniestro que suene esto, soy una persona amable y no había nada raro en mi felicidad, nunca tuve intención de hacer daño a nadie. El hecho de que me relacionara exclusivamente con los ancianos y los enfermos más decadentes, es simplemente porque en ellos encontraba la estabilidad. Ante mis ojos no envejecían.

Descubrí aquí, en la paz que me proporcionó esta residencia, la verdadera extensión de mi maldición. Mi habilidad percibía también la muerte de los objetos en cuanto a ser un objeto se trataba. La lenta degradación de una piedra a través de los milenios era casi imperceptible frente a la fragilidad de una bombilla. Los objetos inorgánicos no habían mutado aun ante mis ojos por que su deterioro con el paso de veinte o treinta años en la mayoría de los casos no es apreciable y, en comparativa con todo lo que les rodeaba, los cambios que pudieran sufrir eran escasos. Si lograba concentrarme el suficiente tiempo mirando un pedazo de roca, cosa realmente difícil si a su alrededor había algo orgánico, al rato empezaba a ver la erosión que se produciría en ella y si aguantaba el suficiente tiempo la roca acababa por ser polvo.

Un día, por azar descubrí el segundo pilar sobre el que sostendría mi cordura. Una de las enfermeras que nos cuidaba, repentinamente dejó de envejecer. Ante mis ojos permanecía joven. No quise dejar de pensar en una posible recuperación milagrosa de mi horrible degeneración visual, así que me dediqué a seguirla atentamente. Cada día que pasaba, las alteraciones que sufría esta mujer eran cada vez menores. Llegado el momento en el que apenas podía discernir su degeneración, me acerqué para hablar con ella. Quería explicarle lo que me estaba ocurriendo, tal vez ella fuera la puerta que me liberaría de mi maldición, mi salvación. En el momento en el que me aproximé a ella, su cara permaneció perfectamente estable ante mi mirada y fui incapaz de articular una sola palabra me sentía emocionado y feliz. Ella se quedó silenciosa por un momento mirándome fijamente, como esperando algo y después cayó fulminada al suelo. Muerta.

Empezaba a comprender algunas cosas. Mis habilidades cada vez eran más evidentes y mi maldición cada vez más dolorosa. Solo podría sentirme en paz cerca de las personas moribundas. Comprendiendo esto descubrí la manera de asumir mi enfermedad y por lo tanto, la manera de hacerme pasar por persona normal. En realidad he descubierto que la mayoría de la gente hace exactamente esto. La cordura es simplemente asumir nuestros desequilibrios como si fueran naturales. En cuanto tuve 18 años me negué a dar permiso alguno a nadie para encerrarme en ningún sitio donde yo no quisiera estar.

Por suerte, siendo tan joven y teniendo un historial clínico como el mío, quedé marcado como minusválido y recibí una suficiente cuantía económica que aseguraría mi independencia y me libraría, siempre que viviera austeramente de tener que trabajar.

Sin ningún ánimo de desaparecer de este mundo sin haber explotado hasta el máximo lo que para mi tenia que ofrecerme, establecí una serie de rutinas, inspirado por una de las fantásticas películas que admiraba. Diariamente navegaba por internet en busca de grupos de apoyo para personas terminales en los cuales podría descansar mis ojos y experimentar la visión que me había sido negada. Finalmente, logré confeccionarme un calendario suficientemente surtido como para poder definitivamente vivir rodeado de un mar de tranquilidad en forma de dolor ajeno.

Estos hábitos, me servirían para conocer a la única persona que he llegado a considerar como mi amigo y que por su influencia, y en gran parte mi ingenuidad, mas tarde me llevaría hasta el punto donde me encuentro ahora, Mort.

Mort era un compendio del sentimiento depresivo y oscuro, nunca le vi vestir de otra manera que no fuera de estricto negro ni de atuendo ni de ánimo. Siempre muy elegante, pero monocolor hasta en la última de sus emociones. No quedé muy sorprendido al coincidir con él en numerosos grupos de autoayuda, asumí que él era un depresivo crónico como tantos otros. En realidad, sus motivos para estar entre esta gente eran mucho más egoístas que los míos. Yo acudía a estos lugares para reconfortarme y obtener unos pequeños momentos de paz. Mort al igual que el Barón Vladimir Harkonen, gozaba con el dolor ajeno.

No pasó demasiado tiempo hasta que él reparo en mi presencia. Muy probablemente fuera una mota de polvo en su patina de sufrimiento ajeno, y no tardó mucho más hasta que se decidió a hablar conmigo. Una cosa llevó a la otra y acabé por contarle la historia de mi vida de la misma manera en la que la escribo ahora aquí. Tal vez más detallada. Quedó tan sorprendido, que no se atrevió a dudar de mis palabras ni por un momento. Durante meses estuvo preguntándome detalles sobre el proceso que veía a través de mis ojos, pidiéndome que le describiera como le veía a él físicamente. De una manera u otra me encontré por primera vez pudiendo hablar del tema sinceramente, y tuvimos largas conversaciones que siempre acababan divagando hacia el mismo tema, la muerte. Bajo su opinión, yo era la única persona que podía verle como el se sentía realmente. Un cascarón de huesos y piel seca sin ningún tipo de sentimientos en el interior.

Mort resultó ser un visionario. Hablaba constantemente de mis ojos como si fueran una bendición, no paraba de pensar diferentes maneras en las cuales esta maldición resultaría una gran ventaja. Al menos para él. Siendo la única persona cabal con la que he podido hablar, el resto solían estar tan decrépitos que no podían darme más que la paz de su próximo final, escuchaba con paciencia todas sus ideas y al final, lo más amablemente posible, las desechaba. Pero esto nunca le desilusionó, y cada vez era más insistente en sus locas proposiciones.

Finalmente un día se presentó en una de nuestras reuniones y me pidió que saliera con él a la calle un momento. Me acuerdo que llovía como nunca y fuera, esperándome protegido por un exiguo paraguas estaba un oscuro personaje que vestía un sencillo traje y me inspeccionaba de arriba abajo inquisitorialmente. Bajo mi mirada la siniestra apariencia que tenía el pequeño hombrecito se volvía más deprimente aún. Presencié una conversación entre ellos de lo más extraña e incomprensible, y finalmente estuvieron de acuerdo en llevarme ante un tercer hombre. De camino Mort me dijo que le siguiera la corriente, y eso hice.

Me llevaron a casa de un anciano, una persona de aspecto muy sano por cierto. No debía tener más de 60 años, pero a mis ojos permanecía agradablemente estable. Mort no paró de hacer preguntas sin sentido al anciano y tomar anotaciones de lo que decía. Finalmente me preguntó si yo me había fijado en el anciano y le conté el maravilloso aspecto que a mis ojos tenía. Antes de irnos Mort y el misterioso hombrecillo del paraguas tuvieron otra conversación. No me fije mucho en lo que decían porque estaba embelesado contemplando al hombre. Debía quedarle muy poco para morir. Eran raras las ocasiones en las que encontraba alguien tan joven y a las puertas de la muerte que no quise desperdiciar ni un segundo de mi atención en lo que fuera que discutían.

Mas tarde, me enteré de que acababa de formar parte de sociedad Prediciones Mortuorias. Lo que ocurrió esa tarde, fue el principio de un negocio que al final me ha llevado a la perdición, aunque no me importa. Junto a mi amigo visité a cientos de personas que estaban a punto de firmar un seguro de vida de los caros. A algunos de ellos les dimos el visto bueno, y a la mayoría de los casos les denegamos la posibilidad de asegurarse un buen funeral.

Mi vida estaba asegurada en lo económico y gracias a Mort había descubierto, que tal vez por haber presenciado su continua descomposición día tras día era capaz de permitirme mirarle a sus ojos hasta encontrar que lo que me devolvía la mirada era una cuenca vacía y negra sin que esto me importunara lo más mínimo. Tal vez esto fuera por que esta era la manera en la que Mort hubiera querido ser recordado. Tal vez esta fue la etapa más satisfactoria de mi vida, sentirme por primera vez útil para algo, aunque fuera algo tan ruin como lo que hacía.

Fue mi optimismo lo que me volvió a hundir, debería haber sabido que mi vida estaba maldita y que no existía ninguna escapatoria real. En uno de mis escasos paseos andando por una angosta calle pude observar una escena que aun ahora recuerdo vividamente. Un balón pasa rebotando a mi lado, el chillido alegre de una niña que sale a perseguirlo y cruza la calle, la imagen perfecta e inmutable de la niña y el terrible rugir de un motor de un coche que ciego corre hacia su destino. Inocente de mí, pensé que si era capaz de evitar el accidente, mi poder sería un don en vez de una maldición. Pensé que podría engañar al destino, pensé que mi vida podría ser útil. Estaba equivocado.

Me lance hacia la niña y la aparté de la trayectoria del vehículo, pero mis actos solo sirvieron para guiarla hacia el oscuro destino al que estaba predestinada desde el momento en el que la observé inmutable en el tiempo. Una verja de obra cedió ante el peso de la niña y la dejó caer hacia el abismo del alcantarillado de la ciudad. Murió por la caída. Anecdóticamente, fue el conductor del coche quien salió inmediatamente de su vehiculo y me redujo en el suelo. Una muchedumbre inmensa estuvo a punto de lincharme, y lo debieron haberlo logrado, pero ese no era mi final. Fui rescatado por la policía local, encerrado, juzgado y vuelto a encerrar, esta vez de por vida.

Mort acudió a visitarme al segundo día de estar en prisión y quiso despedirse, iba a hacer un largo viaje. Hablamos por última vez y nunca más volví a verle en persona. La última noticia que tuve de él fue en forma de paquete. Dentro de un sencillo envoltorio de papel marrón había una postal y una pequeña urna. Mort había pagado a una funeraria para que enviara a una lista de direcciones una fotografía de su cadáver y una muestra de sus cenizas.

El tiempo ha pasado desde entonces ya hace más de diez años que estoy en esta prisión. Hasta ahora no había sentido la necesidad de escribir mi historia, tal vez lo hago ahora para intentar comprender, el motivo de mi existencia. Me disculpo por haber hecho un resumen tan breve, pero la certeza de que nadie leerá este manuscrito y la urgencia del momento me apremian para que lo acabe ahora. Tal vez la única bendición que me ha sido otorgada es la certeza de saber lo que va a ocurrir ahora. La ausencia de incertidumbre sobre mi final.

Hace más de dos horas que a mis ojos todo el mundo aparece saludable y joven, y a mi alrededor no hay murallas ni recinto alguno, solo las ruinas en las que en breve este lugar se convertirá. Me voy a permitir acostarme un rato, intuyo que el dolor será algo muy pasajero y después, al fin, descansar.